6 de marzo de 2013
LA PRENSA Y LA RENUNCIA DEL PAPA
27 de febrero de 2013
LA RENUNCIA DEL PAPA
VIAJES AEREOS EN TIEMPOS DE RENUNCIA DEL PAPA BENEDICTO XVI
Hoy es 27 de Febrero y voy –siendo las 14.22– rumbo a la Ciudad de México para de ahí enfilar hacia Cd. Obregón, Son. Visitaré a mis amigos (entre ellos al P. Salvador Nieves, Loly, Jacobo, Alma, Fernando, Loly…) y luego participaré –el 2 y 3 de marzo– en El Encuentro Diocesano de La Renovación Carismática Católica, que tendrá lugar en Navojoa, Son. La intención de mi participación es orar por los enfermos; espero que El Señor muestre su gran poder y misericordia. Voy en el vuelo 2635 de Aeromexico.
Llevo pocas cosas en la maleta, pero muchas cosas y recuerdos en la cabeza y el corazón. Sí, acabo de cumplir apenas una semana como párroco en la Parroquia De La Divina Providencia, en el barrio ‘El Llanito’ de la ciudad de Aguascalientes. Es muy pronto para decir que ‘ya’ me acoplé, después de ocho felices años en la Parroquia Del Señor De La Misericordia. Agradezco infinitamente a Dios las muestras de cariño de la gente de mi antigua parroquia, y de quienes me han recibido en la actual. Agradezco a mi obispo su confianza, sus palabras comedidas y alentadoras. Que tranquilidad trabajar con un hermano sacerdote como el Pbro. Lic. Antonio Verdín. capaz, leal, trabajador y que está al tanto de la vida parroquial. Me vengo para acá con mucha tranquilidad porque él está al pendiente.
Ya hacia un rato que no viajaba. Mi último viaje fue el año pasado a Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin, a invitación de excompañeros del Seminario. Por cierto, y a propósito de fechas, hace un año estaba predicando en la hermosa y señorial ciudad capital del estado de Campeche… Recuerdo aquellas temperaturas en los treintas avanzados, claro que se sentía calor: y eso que ‘tenían frente frío’ y había mucho viento. las señoras y muchachas me impresionaban con sus suéteres y capitas… y yo sudando; me imagino cómo sería sin ese dichoso frente frío… Menos mal que hacia frío (bueno según los campechanos).
Vengo meditando un poco sobre la situación eclesial. Hasta quienes tienen como programa ignorar y ningunear a la Iglesia más histórica, más grande y más celosa en su Tradición Apostólica, han tenido que ‘ocuparse’ de nosotros, muy a su pesar. Unos lo han hecho en forma parcial e insidiosa otros en forma objetiva. Y la razón de ello es la renuncia del papa. Mañana a las ocho de la noche, tiempo de Italia, el papa Benedicto XVI dejará de ser el obispo de Roma y con ello ‘Sumo Pontífice’ de la Iglesia de Cristo (nuestra Iglesia). Ha corrido mucha tinta y se han gastado millones de minutos/aire en especulaciones: unas realmente tontas (sus ‘eruditos’ autores muchas veces no son capaces de distinguir entre un arzobispo, un obispo, un cardenal, un primado, un diácono y un monje; se les confunde un cónclave con un concilio y una catedral con una cátedra). Otros sólo han especulado sobre una crisis ‘secreta’ en la cúpula de la Iglesia. Otros afirman que el papa renuncia presionado, etc.
Un gran sector de los medios de comunicación, sobre todo gringos e ingleses, han atizado las especulaciones sobre una ‘sesuda’ y supuesta razón para la dimisión del papa. Dicen –pontificando más que el mismo papa– que renuncia porque está solo y aislado, cercado. Y claro lo que ellos digan, eso si, es ‘dogma’ que todos debemos dar por verdad. Incluso hay quienes –a pesar de su público y aberrante anticatolicismo militante como la inglesa BBC– ni siquiera se esfuerzan un poco en disfrazar su rencor contra nosotros los católicos y la Santa Sede. Y afirman que el papa renuncia ‘salpicado’ por “los escándalos sexuales de la Iglesia” (y dejan así abierta la cuestión para que los lectores menos informados ‘sospechen’ lo que sea… al fin y al cabo que no se trata de informar sino de propaganda disfrazada de información… y lo saben). Se refieren a los casos lamentables de pederastas (claro católicos porque los de otras denominaciones y de organizaciones como los boy-scouts gringos se van a la página 23 de los diarios).
Benedicto XVI, desde el principio, no les gustaba porque era muy viejo, porque era muy duro, porque era nazi (según ellos) porque no conocía la realidad, etc. De pronto tampoco les gusta que renuncie… Haga lo que haga está mal y sigue sin gustarles.
No les alcanza el intelecto para otra cosa que no sea ver todo lo que sea católico como algo sospechoso, malo y hasta criminal. Benedicto XVI nos ha sorprendido al demostrarnos que puede y sabe innovar. ¿Por qué renuncia? Pues por lo que dijo: La edad y la salud. Viendo por el bien de la Iglesia decide renunciar para que otro sea el que lleve el timón humano de la Iglesia. Recordemos que su elección se llevó a cabo cuando tenía 78 ó 79 años… Ahora ya anda por los 86. Renuncia el papa, algo que no pasaba desde poco más de 600 años. Y la Iglesia sigue bajo Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI o el que sea elegido ahora.
Su renuncia es una prueba más de su grandeza: Joseph Ratzinger sabe que la Iglesia es de Cristo, que con o sin BENEDICTO XVI seguirá adelante. Piensa en la Iglesia, más que pensar en sí mismo; piensa en lo mejor más que en los escándalos de la prensa.
Me atrevo a decir que la mayoría –incluso buenos católicos– NO LO CONOCEN, pues los estereotipos y clichés injustos y hasta malvados escondieron su verdadera personalidad. ¿Quiere asomarse a la grandeza de este papa? Lea aunque sea una de sus obras o de sus biografías (por ejemplo: EL PAPA ALEMÁN de Pablo Blanco Sarto; EN DEFENSA DEL PAPA de Paolo Rodari y Andrea Tornielli). Que Dios siga bendiciendo a Benedicto XVI y a su Iglesia, la única que Jesús fundó hace dos milenios, teniendo como cimiento sólido a Pedro. La Iglesia de Cristo que no será aniquilada, según la promesa de su Divino Salvador.
PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.
26 de marzo de 2012
BENEDICTO XVI EN MEXICO ARRASTRA MULTITUDES
El Papa entusiasma a los mexicanos y revitaliza su fe con un fuerte llamamiento a la evangelización
TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD
El Papa ha pedido resistir a la “tentación de una fe superficial y rutinaria” para “superar el cansancio de la fe y recuperar la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia”, durante la homilía de la Misa presidida en el Parque Bicentenario de León, México.
Esta alegría, según ha dicho, servirá para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano. Concretamente, el Papa ha recordado la misión continental, que se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este continente y que tiene precisamente el “cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales” para donar “la alegría para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar”.
Junto al Santo Padre, han celebrado 250 entre cardenales, obispos de México y los presidentes de las 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe así como otros obispos de todo el continente Americano, así como 3 mil presbíteros. Al inicio de la Celebración Eucarística de este V domingo de cuaresma, el Arzobispo de León, monseñor José Guadalupe Martín Rábago, ha dirigido un saludo al Papa y ha recibido del Pontífice en regalo un Mosaico de Cristo Rey para colocar al interno del Santuario del Cubilete.
Benedicto XVI ha citado la V Conferencia General del CELAM de 2007 en Aparecida, Brasil en la cual los obispos de Latinoamérica y el Caribe “han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras, desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros”.
Refiriéndose a la vida de los santos, el Pontífice ha señalado que en su corazón hay “una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final”.
El Papa ha recordado a la Virgen de Guadalupe -Patrona de las Américas- y al indio san Juan Diego, el pontífice ha citado el poema nahuatl del Nican Mopohua que describe a Jesús “no como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra”.
Referencias a Juan Pablo II
Además, el Santo Padre ha evocado de nuevo a su predecesor el beato Juan Pablo II al haber visto el monumento de Cristo Rey en lo alto del Cubilete por la mañana desde el helicóptero y refiriéndose al Papa polaco ha afirmado que a pesar de que “deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra”. Por ello, ha añadido, “seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes”. En este sentido, ha subrayado que el “poder” de Cristo Rey no consiste en “sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia” sino que se funda en “el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio”.
El Papa ha invitado a la preparación profunda de la Semana Santa -que es la próxima semana- donde la Iglesia celebra el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor porque este tiempo “ayuda a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica”.
Al finalizar, Benedicto XVI ha recordado el Año de la Fe que ha convocado para toda la Iglesia que “es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo”. Asímismo, ha invocado a la Virgen María para que “siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad”.
Por la mañana, antes de dirigirse al Parque Bicentenario, el Papa se ha encontrado con el gobernador del Estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez y del alcalde del municipio de Silao, Juan Roberto Tovar Torres, que le ha entregado las llaves de la ciudad, al llegar, el Papa ha dado un recorrido panorámico entre los fieles que se encuentran en el Parque Bicentenario con capacidad de 500.000 personas.
4 de febrero de 2012
JESUS ESTA VIVO Y ACTÚA POR MEDIO DE SU IGLESIA
Del exorcismo practicado por el Papa Benedicto XVI en el año 2009
TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD
Lo afirma, según recoge la revista italiana Panorama, el conocido exorcista italiano,
el P. Gabriele Amorth, el cual asegura que el exorcismo del Papa Benedicto XVI ocurrió en el año 2009.
Con motivo de una audiencia general del Papa en la Plaza de San Pedro durante el mes de mayo, entre los muchos asistentes se presentan a ella cuatro personas: dos de ellas son mujeres, no por casualidad asistentes del P. Amorth en sus exorcismos. Los otros dos son dos jóvenes muchachos, por nombre Giovanni y Marco.
Según Amorth “aquel miércoles, las chicas deciden llevarlos [a los dos jóvenes] a la audiencia del Papa pensando que podría hacerles bien [están poseídos]. Y añade: “No es un misterio que muchos gestos y palabras del Papa hacen enfurecer a Satanás. No es un misterio que la sola presencia del Papa preocupa y de alguna manera ayuda a los poseídos en su batalla contra aquél que los posee”.
Los cuatro se acercan al palco, aunque por no disponer de las entradas correspondientes, los agentes de la Guardia Suiza que proveen la seguridad del Papa, les detienen, impidiéndoles acercarse más. Las chicas imploran a los guardias que les dejen aproximarse, pero como es comprensible, éstos no acceden a sus ruegos. Entonces las dos muchachas ponen en práctica una estratagema probablemente acordada de antemano, y una de ellas finge sentirse mal, consiguiendo que los guardias las coloquen a ellas y a sus acompañantes en los sitios reservados a personas discapacitadas. Según Amorth, esto es lo que pasa entonces: “Ninguno de los dos [poseídos] habla. Están extrañamente silenciosos. Es como si los poseedores (se trata de dos demonios diferentes) estuvieran comenzando a entender lo que en poco tiempo habría de ocurrir en la plaza”.
Sobre las diez de la mañana, aparece el Papa de pie en un jeep con el conductor y con su asistente, Mons. Georg Gänswein. Los dos muchachos se muestran inquietos. A uno de ellos, Giovanni, comienza a temblarle los miembros y la boca. Mientras sus acompañantes femeninas intentan tranquilizarlos, de la boca de Giovanni salen estas palabras definidas como de ultratumba: “No soy Giovanni”. La chica no responde. “Sabe que con el diablo sólo un exorcista puede hablar”, afirma Amorth.
Mientras el jeep papal recorre la plaza, los dos poseídos se tiran estridentemente al suelo. Los guardias suizos lo ven pero no intervienen. El vehículo papal llega a pocos metros del portón de la Basílica. El Papa desciende del vehículo y saluda a las personas en primera fila. Los jóvenes poseídos comienzan a proferir aullidos. Una de las muchachas grita: “¡Santidad, Santidad, estamos aquí!”. El Papa se vuelve hacia ellas, pero no se acerca. Ve a las dos muchachas y a los pobres poseídos tirados por el suelo, temblando y vociferando. A pesar de la mirada de odio con la que le obsequian, el Papa no se turba. Mirándoles desde lo lejos les dirige una bendición. Los dos poseídos se sienten como golpeados hasta el punto de pegar un respingo que les lanza tres metros más lejos, dejando de pegar aullidos en ese momento. En su lugar, comienzan a llorar. Y al partir el Papa, ambos vuelven en sí, aunque no recuerdan nada de lo ocurrido.
Tal cual se lo cuento, lo relata en el libro que acaba de publicar el P. Amorth titulado “L’ultimo exorcista”, el cual saldrá a la luz el próximo día 7, en el que, según asegura, también Juan Pablo II practicó algún exorcismo similar.
21 de agosto de 2011
EL PAPA ANIMA A LOS SEMINARISTAS: NO DEJARSE INTIMIDAR POR EL MUNDO
Misa en la Catedral de la Almudena con los seminaristas
Benedicto XVI: «No os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios»
Como en las JMJ de Sidney y Colonia, el Papa alienta a 4.500 jóvenes en su camino al sacerdocio.
Actualizado 20 agosto 2011 – 11:10
El Papa Benedicto XVI presidió esta mañana una Misa en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena con la presencia de unos 4.500 seminaristas diocesanos y religiosos de diferentes partes del mundo y a los que pidió no dejarse “intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia”.
Este acto sigue la pauta seguida en las últimas Jornadas Mundiales de la Juventud (Sidney y Colonia), en las que el Santo Padre ha querido convocar a los seminaristas a un acto específico en el que animar y alentar a los jóvenes en su camino al sacerdocio.
Las claves de la preparación en el seminario
Durante su homilía centrada en la identidad sacerdotal y en la etapa previa al Sacramento del Orden, el Santo Padre -quien acaba de cumplir su sexagésimo aniversario de ordenación sacerdotal- aconsejó a los candidatos al sacerdocio que esos años deben ser de “silencio interior”, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia".
Santos y pecadores
Al reflexionar sobre los destinatarios del don del sacerdocio, el Papa señaló Dios, “no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la misma persona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que la anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar”.
Benedicto XVI exhortó a los seminaristas a vivir los años de la formación “con profunda alegría, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís” y expresó que “el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas”.
Celibato, vida austera y obediencia
Al subrayar la necesidad de que el sacerdote se configure e identifique con Cristo, el Pontífice resaltó que la disponibilidad a Èl “es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo”.
Más adelante, el Papa alentó a los candidatos a sacerdotes a afrontar el reto de su misión “sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio”.
No dejarse intimidar
“No os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia”.
“Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.
Dos requisitos: Certeza de la vocación y decisión
Durante la homilía, el Santo Padre hizo a los seminaristas un llamamiento a un serio discernimiento de su vocación: “Abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia”.
Finalmente les exhortó a despojarse de “todo deseo mundano, de manera que no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiquéis a vuestros hermanos”.
Gran parte de la comunidad sacerdotal, formada por el Séquito Papal, 90 obispos españoles, 30 obispos extranjeros, rectores de los seminarios y sacerdotes españoles, concelebraron la Eucaristía que comenzó con el saludo al Santo Padre por parte del Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid y un seminarista.
TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD
18 de abril de 2011
BENEDICTO XVI DENUNCIA PERSECUSIÓN CONTRA LA IGLESIA
8 de marzo de 2011
MENSAJE DE CUARESMA DEL PAPA
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2011
«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo,
con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).
1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.
2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.
El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.
El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.
La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.
El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».
Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.
El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.
3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).
En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.
En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.
En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.
Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.
BENEDICTO XVI.
29 de abril de 2010
LINCHAMIENTO MEDIATICO CONTRA EL PAPA
El filósofo francés de origen tunesino e hijo de padres judíos, Fabrice Hadjadj, explica en un interesante artículo que el "linchamiento mediático" que sufre el Papa Benedicto XVI no hace sino favorecerlo, pues reconoce así su importancia moral en medio del mundo, incluso para los no creyentes, y permite que los católicos puedan admirarlo cada vez más por su solidez espiritual a la cabeza de la Iglesia Católica.

