¿SE EXTINGUIERON EN VERDAD LOS CARISMAS EN LA IGLESIA?
ESTAR EN LA IGLESIA FUNDADA POR CRISTO Y SUS APÓSTOLES
Estoy plenamente convencido de que la Iglesia Católica es la única fundada por Cristo y los Apóstoles –aunque expreso mi respeto a las demás Iglesias– allá en Judea-Galilea hace casi Dos Mil años.
Y créanme, la verdad, si no estuviera convencido de esto, no seguiría siendo lo que soy. Yo no podría simular estar convencido –sin estarlo– de algo tan serio e importante como esto. No me hubiera costado mucho “cambiar” si la razón me dijera que estoy en “el lado equivocado” a este respecto, pues he sido buscador de verdad desde mis años tempranos.
Y estoy convencido de ello, porque he investigado, he leído, he razonado, dialogado y comparado. La Historia y la Sagrada Escritura –ambas a la vez– junto con mi experiencia personal de fe me dan los asideros intelectuales y existenciales para esta certeza de la que hablo. Y respeto a los que no estén convencidos de esto o piensen exactamente lo contrario.
Muchos –a los que voy a encerrar arbitrariamente en el inexacto ‘rubro’ de protestantes– argumentan que efectivamente ‘tal vez’ si es ésta (históricamente) la Iglesia fundada por Cristo; PERO QUE traicionó a su fundador y ‘se perdió’ por lo que ellos vinieran a ser una especie de ‘Iglesia rescatada’ o ‘Iglesia reanimada’. Concediendo –en bien del argumento– que así fuera, me surge una pregunta: ¿Cómo es posible que a Cristo Jesús (Hijo de Dios) se le ‘haya hecho bolas el engrudo’ y su criatura (La Iglesia) lo haya traicionado y haya podido más que Él?. No. Si Jesús es Hijo de Dios, eso es IMPOSIBLE. Si Jesús es sólo un personaje ‘antiguo e ilustre’, entonces si es posible esa traición, fracaso rotundo y enmendadura de sus planes originales por planes miserables y realidades lamentables.
UNA IGLESIA POR MOMENTOS IRRECONOCIBLE
No serviría para nada emprender una ‘apología’ fundamentalista y obtusa. Es innegable que –aún entendiendo las condiciones históricas de las diversas circunstancias por las que ha pasado la Iglesia, con todo y su debida dosis de hermenéutica– en algunos momentos de la Historia la esposa de Cristo (Cfr I Cor 12) aparece ante los hombres con un rostro desfigurado y aún monstruoso: pensemos por ejemplo en Las Cruzadas ó el episodio de La Inquisición. Y a pesar de esos momentos de fealdad evidente y escandalosa siempre sucede algo que le limpia la cara: el Espíritu hace brotar a Francisco de Asís, Teresa De Ávila, Ignacio Del Loyola y más.
EN LA IGLESIA SIEMPRE HUBO CARISMAS
Siempre los Carismas han sido un arma de doble filo. Siempre se les ha temido y se les ha tratado de controlar. Siempre se les ha querido someter so pretexto de ‘Santa Obediencia’. Y por lo regular –y ese es el problema– el carismático ha tenido que ‘batallar’ con el cardenal, el obispo, el párroco o el dirigente. Podemos citar las dificultades de San Felipe Neri, San Juan Bosco, San Francisco de Asís y muchos otros ilustres: siempre conflictos con la jerarquía. En los más de los casos, el pastor no entiende cuál es su ámbito y su papel y quiere aniquilar al carismático aduciendo soberbia o rebeldía. Y siempre Dios en forma misteriosa interviene o cambia los corazones.
No miento al aventurarme a decir que casi un 75 % de los sacerdotes mexicanos –por ejemplo– niegan los carismas y se mueren de risa por ‘el don de lenguas’. Muchos incluso creen que los exorcismos son ‘meramente’ credulidad y casos psiquiátricos mal encauzados. Dudan que Jesús siga sanando a los enfermos. Esta Iglesia de nuestros días, entonces resulta ser mala copia de la original, si a eso nos atenemos.
Afortunadamente NINGUNO DE LOS PAPAS –desde Juan XXIII a Benedicto XVI– ha negado la existencia y autenticidad de los Carismas sino más bien –al contrario– han pedido a los obispos que los disciernan y reconozcan. Y no podría ser de otra forma. Los Carismas existen porque EL ESPÍRITU SANTO LOS DA A QUIEN QUIERE PARA BENEFICIO DE SU IGLESIA. Los Carismas EXISTEN ASÍ LOS NIEGUE UN PÁRROCO, UN DECANATO, TODO UN PRESBITERIO, UNA CONFERENCIA EPISCOPAL O UN DICASTERIO DE LA CURIA ROMANA.
San Pablo habla con toda claridad de los Carismas:
“En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes. Sabéis que cuando erais paganos, de una manera u otra erais arrastrados hacia los ídolos mudos. Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espíritu de Dios, dice: Jesús es anatema; y nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común. Pues a uno le es dada palabra de sabiduría por el Espíritu; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, dones de sanidad por el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversas clases de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas.” (1 Corintios 12:1-10)
Y habla de ORDENAR, NO DE EXCLUIR LOS CARISMAS:
“Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él. Y en la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, milagros; después, dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversas clases de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Acaso son todos profetas? ¿Acaso son todos maestros? ¿Acaso son todos obradores de milagros? ¿Acaso tienen todos dones de sanidad? ¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos? Mas desead ardientemente los mejores dones. Y aun yo os muestro un camino más excelente. (1 Corintios 12:27-31)
Así pues, concluyo:
No desfiguremos el rostro hermoso de la Iglesia despojándola de sus ‘joyas’ conferidas por Dios, como designaría yo a los Carismas. Sometamos nuestra ignorancia o nuestras fobias personales A LA PALABRA DE DIOS Y AL MAGISTERIO DE LA IGLESIA. LOS CARISMAS EXISTEN, LE GUSTE A QUIEN LE GUSTE, O LOS DESCONOZCA QUIEN LOS DESCONOZCA. SENTIDO COMÚN, no pueden haber desaparecido, pues no son ‘producto’ de la sangre o la carne sino del Espíritu Santo.
PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.


