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26 de septiembre de 2012

LA VIRGEN SACA DE QUICIO AL DEMONIO

«EL DEMONIO SE DESCONTROLA DE RABIA CUANDO COLOCO ALGO QUE REFLEJA LA PRESENCIA DE LA VIRGEN»



TOMADO DE RELIGIÓN EN LIBERTAD

Una mañana de 1985, el cardenal Ugo Poletti, vicario de Juan Pablo II como obispo de Roma, llamó a un sacerdote paulista nacido en 1925, el padre Gabrielle Amorth, para encomendarle una misión: ser el exorcista de la diócesis de Roma.

En estos veintisiete años, el padre Amorth reconoce haber realizado más de cincuenta mil exorcismos. Por tanto, nadie mejor que él en todo el mundo para explicar qué este ritual del exorcismo, en un momento en el que, en la práctica, está olvidado incluso en el seno de la Iglesia.

-Padre Amorth, ¿qué es un exorcismo?

-El exorcismo es una oración pública de la Iglesia que se hace con la autoridad de la Iglesia, porque la hace un sacerdote designado por el obispo; es una oración de liberación del demonio, de su influencia maligna o del mal provocado por él.

-En la actualidad hay muy pocos exorcistas, ¿No son necesarios?

-Durante trescientos años la Iglesia ha abandonado los exorcismos. Los motivos son diversos y los explico en el libro Habla un exorcista. Sin embargo, en cada diócesis debe haber uno ¡como mínimo! Pero ¿cómo los va a haber, si la gente no cree en el Demonio, incluso gente de Iglesia, como sacerdotes y obispos? Es necesario saber que el obispo que no proporciona la ayuda espiritual necesaria a un fiel con un problema demoníaco está pecando gravemente.

-¿Por qué permite Dios una posesión o un mal demoníaco?

-Hay gente a la que he tratado que va a misa, reza y hace ayuno. Yo les pregunto: “Si no estuvieses poseído, ¿lo harías?”. Y me responden que no. Además, pregunto a los demonios mientras hago este exorcismo: “¿Por qué te empeñas en quedarte? Y me dicen: “No puedo irme porque Dios no me lo permite. Si me fuera de esta persona, se alejaría de los sacramentos, y estando así, acude a Dios y es ferviente su oración”. Luego es posible que para esas personas, esa cruz sea necesaria para su salvación y la de los que comparten esa cruz con ella: su entorno, su familia y sus amigos.

Ayuno y oración

-En el Evangelio, Jesús dice que algunos demonios sólo se van con ayuno y oración, pero existen casos en los que el exorcismo dura muchos años, o que incluso no llega a producir nunca esa liberación, aunque se recurra al ayuno y la oración. ¿Por qué?

-Hay ocasiones en que el Señor permite un caso de posesión en el que la persona no llegue a liberarse nunca. Yo los he tratado. El Señor invita a acudir al ayuno y a la oración para expulsar cierto tipo de demonios, porque hay varios. Igual que hay ángeles con diferentes funciones y misiones, con los caídos pasa lo mismo, pues también son ángeles. Pero como digo, en ocasiones nada funciona, ya que Dios lo permite para la salvación de muchas almas, no sólo de la persona poseída, aunque no es normal.

-Otra cosa incomprensible es cómo puede comulgar un poseído y que no se dé su liberación, siendo como es la Sagrada Forma el cuerpo vivo de Cristo. ¿Acaso no nos ha dicho la Iglesia que el demonio huye de Cristo como de la peste?

-Es cierto. No se aleja el demonio cuando la persona comulga. Se queda ahí quieto, aunque supongo que tremendamente incómodo. A veces, durante un exorcismo, coloco sobre la cabeza del poseído una forma consagrada y pregunto: “¿Sabes lo que tienes ahí?”.Y contesta: “Sí, está Él”, y ni se inmuta.

Sin embargo, he descubierto algo curiosísimo: el demonio se descontrola en rabia desesperada cuando coloco algo que refleja la presencia de la Virgen, como un escapulario, o si rezo oraciones de la Virgen. ¡A María le tiene un odio impresionante! Entonces sí se revuelve, no lo puede soportar. ¡Huye como de la peste!

-¿Por qué?

-Porque se siente profundamente humillado. El saberse obligado a hincar la rodilla ante una mujer, la Madre de Cristo… ¡Ah! No puede con eso. Las oraciones a la Virgen durante un exorcismo son extraordinariamente poderosas a mi favor…

También ocurre con las reliquias que han pertenecido a algunos santos. Yo suelo utilizarlas con mucha frecuencia, porque no las puede soportar. Suele ‘salir’ despavorido por la misma razón: la humillación de la obediencia a la que le obliga Nuestro Señor, que le induce a doblegarse ante un hombre, no ante un ángel o ante Dios mismo: ante un hombre que ha sido santo.

Me ocurre mucho con las reliquias que utilizo del padre Pío de Pietrelcina, a quien tengo especial devoción. Sale huyendo ante las oraciones y las invocaciones que hago sobre él. ¿Sabe que lo conocí siendo yo muy jovencito? ¡Le tiraba de la barba y él se partía de risa! Yo le adoraba, era una persona de una bondad hiperbólica, un hombre de Dios de pies a cabeza. Un gran santo de nuestro tiempo.

Objetos de metal

-Usted cuenta que durante los exorcismos un poseído puede expulsar por la boca objetos de metal, cristal y cosas así.

-Es curioso, ocurre a veces. Esos objetos no están dentro de la persona físicamente, se materializan en la boca, al ser expulsados. Los he cogido con mi mano, incluso cuchillas de afeitar. Tengo una caja enorme llena de estos objetos. La guardo para demostrar físicamente lo que ocurre durante la expulsión de un demonio. Es muy difícil de creer, pero están ahí.

Una vez, una persona sobre la que oraba me escupía todo el rato y yo esquivaba sus salivazos como podía. Una de ésas veces, le vi que me iba a escupir y puse mi mano ante su boca. Fue todo muy rápido, pero cogí al vuelo un clavo enorme y estaba seco. No tenía saliva ni nada. Se había materializado en el momento de salir de su boca.

-Usted cuenta que una sola sesión de exorcismo puede ser durísima.

-Se necesita una enorme fuerza psicológica para asistir a un exorcismo y no distraerse de la oración con nada, diga lo que diga o haga lo que haga el demonio. La fatiga puede ser muy grande.

-¿Cómo nos protegemos para que nunca nos suceda algo así?

-El mejor remedio contra el demonio es la oración y la confianza en la Misericordia. Con oración y siendo fieles a los regalos infinitos de la Iglesia: los Sacramentos. Dios jamás abandona a un hijo fiel. Lo protege, lo ama con locura, lo mima con sus regalos. ¡No debéis tener miedo jamás!

-¿Usted no ha tenido miedo nunca?

-El mismo día que me nombraron exorcista me encomendé a la Santísima Virgen. Le pedí que me arropase y me protegiese cada día con su manto materno. Además, tengo una profunda devoción a mi ángel de la guarda, al que me encomiendo cada día y antes de cada exorcismo. Por lo tanto, creo que es el demonio, por la gracia de Dios, el que se echa a temblar cuando me ve aparecer y empiezo a rezar.

Juan Pablo II

-¿Es cierto que usted exorcizó junto a Juan Pablo II?

-Le cuento una anécdota de ese impresionante santo. Estaba yo exorcizando a una pobre muchacha joven, a la que llevaba muchos años intentando liberar. El exorcismo esa mañana había sido durísimo y tanto ella como yo estábamos agotados. Entonces nos fuimos los dos a una misa que celebraba el Papa en San Pedro.

Ella estaba tranquila, con unas ganas tremendas de estar en la Misa y de ver al Papa. Todo iba bien hasta que el Papa entró en la basílica, con todos los ropajes, preparado para celebrar. En cuanto esta muchacha le vio, se puso fatal: alaridos, convulsiones, etc. Estaba claro que el demonio no soportaba la presencia de ese hombre tan de Cristo. El Papa la miró lleno de compasión y dio la orden de que la alejaran un poco, pues los gritos que profería y las palabrotas iban a ser un incordio para la celebración.

Cuando finalizó la Misa, el Papa se acercó a ella, que seguía con una inquietud horrorosa. Le impuso las manos, comenzó a orar y la muchacha se puso fatal. Así estuvo el Santo Padre un buen rato, hasta que se calmó un poco. Quizá logró expulsar un par de demonios. El caso es que, agotado, le dijo a su secretario: “Avise al padre Amorth. Que siga él”. Y ahí tuve que seguir yo, que había estado antes no sé cuántas horas con la pobre desdichada sin ningún fruto. Me reí: el Papa no lo sabía.

-¿Le obedeció?

-¡Por supuesto! Yo quise muchísimo a Juan Pablo II.

Medjugorje

-Hay un elemento muy fuerte en el mundo actual en la lucha contra el demonio, un fenómeno que el Papa Juan Pablo II amaba mucho como ha revelado el postulador de su causa de beatificación, que es el fenómeno de Medjugorje. ¿Qué opinión le merece?

-Medjugorje es un lugar de gran fortaleza contra Satanás. Nuestra Señora dijo en Medjugorje el 14 de abril de 1982: “Dios ha permitido que Satanás ponga a prueba a la Iglesia durante un siglo”, pero añadió que no la destruiría: “Este siglo en el que vivís está bajo el poder de Satanás, pero cuando sean realizados los secretos que os he confiado, su poder se quebrará”.

Estas palabras nos dicen que Satanás está hoy trabajando, pero a la vez que él, también está la Virgen. Ahí están los frutos de Medjugorje. Son ya más de 30 años de buenos frutos y el Evangelio es claro sobre cómo discernir los acontecimientos que suceden. Al árbol se le conoce por sus frutos, y los de Medjugorje son tan claros que a mí me da pena que se ignoren. Incluso creyentes, laicos y consagrados, que sin haber estado si quiera allí, ya tomaron su decisión de rechazarlo. Pero bueno, de lo poco que sabemos de los secretos confiados a los videntes de Medjugorje es que cuando se realicen, el dragón será derrotado y el reino de la luz triunfará.

-¿Qué recomienda a una persona que quiera ir al cielo sin pisar el purgatorio y sin saber nada de Satanás?

-Hijo mío, yo también quiero ir al cielo. Agárrate a los sacramentos y sobre todo a la Virgen María. Ella jamás te abandonará.

21 de marzo de 2012

EL DEMONIO NO ES UNA FANTASÍA DE GENTE FANÁTICA

LOS EXORCISMOS DE JUAN PABLO II EN 1982 y 2000 FUERON CONTRA DEMONIOS DE EXTRAORDINARIO PODER


Tomado de RELIGION EN LIBERTAD.


Este martes sale a la venta Así se vence al demonio (LibrosLibres), de José María Zavala, un impactante testimonio de exorcistas y poseídos sobre la realidad de la posesión diabólica y las armas de la Iglesia para luchar contra ella.


El capítulo 3 (“Yo he visto a Satanás”) incluye una entrevista con Gabriele Amorth, el más prestigioso exorcista del mundo, que lo fue de la diócesis de Roma. En ella cuenta los dos exorcismos, al menos, que realizó Juan Pablo II siendo Papa, y contra demonios de gran poder que no salieron de sus víctimas tras el primer ritual celebrado por el Pontífice y requirieron muchos esfuerzos posteriores.


ReL ofrece, como anticipo de esta obra, la parte de la entrevista consagrada por Amorth al Papa Wojtyla.


Juan Pablo II fue el primer Papa en casi 400 años que se enfrentó, como usted, cara a cara con el diablo. Sucedió el 4 de abril, domingo de Ramos, de 1982, al inicio de su pontificado…
Lo recuerdo perfectamente. Yo conozco a Francesca, la joven que acudió aquella mañana a la audiencia papal en el Vaticano. Previamente, el obispo de la diócesis a la que pertenecía esa chica le preguntó a Juan Pablo II si estaba dispuesto a exorcizarla, a lo que el Papa asintió sin ningún problema. De modo que el Pontífice procedió poco después al exorcismo en su capilla privada del Vaticano. Francesca no hacía más que escupir y revolcarse por el suelo. Las personas que rodeaban al Papa no daban crédito a lo que veían: “¡Nunca habíamos presenciado una escena como la que se describe en los Evangelios!”, reconocían, admiradas.


Una advertencia: mejor no jugar con fuego… Pero el primer impresionado resultó ser el mismo Papa, a juzgar por el testimonio del cardenal francés Jacques Martin, según el cual Wojtyla confesó luego a Ottorino Alberti, obispo de Spoleto: “Nunca me había sucedido algo semejante en mi vida”…


Juan Pablo II decía, en efecto: “Todo lo que sucede en los Evangelios, sucede también hoy”. Pero además de pensarlo y decirlo, Juan Pablo II acababa de experimentarlo por sí mismo. Su exorcismo fue de cierta eficacia aunque, siendo sincero, debo añadir que para liberar a Francesca se requirieron cinco años enteros de bendiciones.


¿Recuerda algún otro exorcismo de Juan Pablo II?
Uno mucho más reciente, acaecido en septiembre de 2000. Una chica de diecinueve años de un pueblo cercano a Monza, al norte de Italia, vino una semana a Roma para que la exorcizase junto con mi compañero y hermano Giancarlo Gramolazzo. La sesión se celebraba a primera hora de la tarde, de lunes a jueves. De modo que el miércoles por la tarde ella estaba comprometida con nosotros, pero no así por la mañana. Pensó en acudir entonces a la audiencia general con el Papa en la Plaza de San Pedro. En cuanto llegó allí, los guardias se percataron de que su actitud no era normal y la colocaron en primera fila, junto a los enfermos. Poco después, mientras el Pontífice impartía su bendición a una multitud de más de 40.000 peregrinos, la atractiva muchacha empezó a gritar como una posesa.


¿Intervino la Policía?
Los agentes intentaron tranquilizarla en vano, pues la chica, dotada de una fuerza sobrehumana, logró rechazar a varios de ellos. Gritaba palabras ininteligibles, profiriendo insultos contra el obispo Gianni Danzi, secretario general de la Gobernación del Vaticano, que trataba también de calmarla bendiciéndola con un crucifijo. Intuyendo que la muchacha estaba poseída, monseñor Danzi informó al secretario de Juan Pablo II, monseñor Stanislaw Dziwisz, quien finalmente se lo contó al Papa.


¿Y qué hizo el Papa?
Ordenó que retirasen a la chica a un lugar apartado, donde él mismo pudiese exorcizarla al término de la audiencia pública. Hicieron entrar así a la joven por el Arco de las Campanas, rodeando la Basílica de San Pedro, para conducirla finalmente hasta un lugar cerrado donde Juan Pablo II la exorcizó en presencia de sus padres, del obispo Danzi y de varios hombres que a duras penas podían sujetarla.


Aquella misma tarde, Giancarlo Gramolazzo y yo volvimos a bendecir a la muchacha acompañados de monseñor Danzi. Ella misma nos contó lo ocurrido por la mañana en el Vaticano. El exorcismo del Papa tuvo algún efecto beneficioso, pero no sirvió para liberarla del diablo. Juan Pablo II trató a la joven, eso sí, con inmenso cariño durante media hora, anunciándole que ofrecería por ella la Misa del día siguiente.


El jueves repetimos el exorcismo, durante dos horas. El demonio aludió entonces al encuentro celebrado la víspera con el Papa. Estaba contentísimo. Menudas carcajadas soltó el miserable. Indujo a la pobre muchacha a decirme: “¡Ni siquiera tu jefe [Juan Pablo II] ha logrado hacer nada conmigo!”.


¿Cuál fue el origen de la posesión?
La chica era un portento de bondad y de pureza.


¿Entonces…?
Ofrecía al Señor todos los sufrimientos atroces por la conversión de los pecadores.


¿Víctima de algún maleficio, acaso?
Yo creo que sí. Con tan sólo doce años quedó ya poseída… hasta que tuvo diecinueve. Pero insisto: cuando no se manifestaba la posesión, era buena y candorosa, ofreciendo su particular calvario por la expiación de las almas.


¿Tiembla Satanás cuando se invoca a Juan Pablo II en los exorcismos?
Una vez le pregunté al demonio: “¿Por qué tienes tanto miedo a Juan Pablo II?”. Me dijo que por dos motivos: primero, porque había desbaratado sus planes con la caída del régimen comunista en Europa; y segundo, porque le había arrebatado las almas de muchos jóvenes durante su pontificado. Acto seguido, al preguntarle por qué temía también a la Virgen María, me contestó: “Porque he sido muy humillado y vencido por una criatura humana”.

3 de marzo de 2012

AUNQUE USTED NO LO CREA

Un exorcista relata la primera vez que se enfrentó al Maligno: «Me escondí detrás de unas monjas»


TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD


De niño, Rufus Pereira era devoto y buen estudiante, pero muy tímido. Creció en una familia y un pueblecito católico de las afueras de Bombay, en la India, una comunidad evangelizada por San Francisco Javier hace 400 años. En la familia rezaban el Rosario unidos cada día, arrodillados ante un altar casero con la imagen del Sagrado Corazón. “Siempre comíamos juntos y compartíamos las vivencias del día”, explica el hoy popular sacerdote.


La vida del pueblo era de una auténtica comunidad cristiana. Junto a la cruz en la plaza del centro se reunían los vecinos. Las casas estaban siempre abiertas, y todos compartían fiestas, enfermedades o entierros. Rufus ayudaba en misa, en una parroquia de 4 siglos fundada por portugueses, sin llegar a ser monaguillo “porque yo era muy flojo y temía que se me cayese el pesado misal”. Aunque tenía buena memoria, era tan tímido que no se atrevía a recitar los poemas obligatorios en el colegio (que se sabía perfectamente) y le ponían malas notas.


Pequeño y fragil entró en el seminario de Bombay, dirigido por un jesuita español, que profetizó que aquel chico canijo y calladísimo nunca sería predicador. Se equivocó.


Realizó los estudios superiores en el Colegio Urbano de Propaganda Fide en el Vaticano, y fue ordenado allí en 1956 junto a 34 compañeros de 20 países. Cada cinco años vuelven a encontrarse.


El Espíritu Santo le quitó la timidez


En 1972, Rufus Pereira llevaba 13 años como pastor de una parroquia en Bombay y atendiendo varios colegios, cuando cambió su enfoque pastoral al conocer la Renovación Carismática. Le interesó porque él siempre fue un apasionado de la Biblia, y veía que los carismáticos la usaban con soltura y pasión. En Pentecostés unos carismáticos oraron pidiendo para él la “Efusión del Espíritu Santo”. “Tuve una experiencia abrumadora del amor de Dios, mi Padre, un encuentro personal con Jesús como Señor y Salvador y un derramamiento del Espíritu Santo que cambió mi vida. Esto me aportó un hambre increíble por la Palabra de Dios, una insaciable sed y gran gusto por la oración, un deseo gozoso de comunión y una compasión profunda por las personas de corazón herido”.


Rufus se convirtió así en un predicador apasionado, especializado en temas bíblicos. El cardenal Gracias, de Bombay, le dio permiso para que se dedicase por completo a la predicación itinerante. Se convirtió en formador de laicos enamorados de la Biblia en el Instituto Bíblico Católico Carismático de Mumbai (el nuevo nombre de Bombay) y en editor de la revista “Charisindia”. Un antiguo colega de Roma, que ahora era arzobispo en Japón, le dijo: “Rufo, tú que eras siempre tan serio y equilibrado, ¿cómo es que te obsesionaste con estas manías carismáticas?”. Pero al padre Pereira nunca le han faltado las peticiones para predicar en todo el mundo.


Exorcismo a la hora de la siesta


En julio de 1976 Rufus Pereira realizó, muy contra su voluntad, su primera oración de liberación. Le gustaba la predicación carismática, la Biblia, hablar del amor de Dios… pero “no podía aceptar que en estos tiempos modernos la gente pudiera quedar poseída”. Estaba predicando un retiro sobre la Providencia a las Hermanas de Santa Ana en Secunderabad, en el centro de la India. La misa había sido intensa, la comida también, Rufus se retiró a su habitación a descansar, empezaba su siesta (usa la palabra española “siesta” en su relato en inglés en la revista “Charisindia”)… cuando llamaron a la puerta.


Allí estaban la superiora, la provincial y la maestra de novicias de las Hermanas con dos mujeres, hermanas de sangre, de una familia católica bien conocida en la zona. El hijo de una de ellas estaba en un asilo mental, y pensaban que el chico probablemente no estaba enfermo, sino poseído.


“Les dije que no podía ir con ellas a rezar por el chico, y que deberían ser ellas las que rezasen por él. Pero ellas insistieron, y decían que muchas enfermedades y aflicciones emocionales que atormentaban a sus familias se originaban en una diosa-demonio popular, de la que sus ancestros habían sido sacerdotes. Y que aunque iban a misa diaria y rezaban el rosario diario, no mejoraban”.


Rufus no sólo no creía en tales demonios, sino que admite “que estaba enfadado con las Hermanas y la familia por interrumpir mi siesta. Así que les dije que rezaran más. Y como último recurso me dijeron: ´al menos puede rezar por nosotras ahora´. Les dije que ya lo haría luego por mi cuenta. Pero sentí como si el Señor me dijese: ´Rufus, esta gente ha venido buscando a un sacerdote para que rece por ellos ahora. Lo haces ahora.´. Me enfadé un poco con el Señor, pero recé, con bastante reticencia, siento decirlo. Y muy suavemente pedí que Jesús liberase a esa familia de ese demonio… suponiendo que existiese”.


“Me escondí detrás de las monjas”


“La reacción fue instantanea e inesperada. La mujer más bajita, la piadosa, que me había estado contando sus problemas mientras sus dedos pasaban las cuentas del rosario, cayó al suelo con gran fuerza y por primera vez en mi vida me vi cara a cara con el Maligno. Me escondí detrás de las monjas, mientras ella me gritaba obscenidades y me gritaba que volviese a Bombay… ¡en inglés, una lengua que ella no conocía!”.


Pereira, que no había recibido ningún entrenamiento para casos así, se quedó estupefacto e impotente, sin saber qué hacer, mientras una veintena de novicias de Santa Ana vaciaban botella tras botella de agua bendita sobre la mujer enfurecida y agitada sin ningún resultado.


El poder de la oración en lenguas


“De repente, sentí una unción del Espíritu Santo que me dio firmeza, dio poder a la gracia de mi sacerdocio y me guió a rezar con confianza y suavidad en lenguas, la puerta -me habían dicho- de los carismas de poder y conocimiento. Se produjo una transformación inmediata en la mujer. De una cara diabólica de odio y manos como garras, a una contención angelical de gentileza y manos alzadas para alabar a Dios… aunque seguía tumbada de espaldas en el suelo. Se sentía muy débil, sin fuerzas, pero con paz y gozo. Su familia la llevó a casa en un vehículo”.


Una semana después, Pereira volvió al pueblo a dar un retiro a sacerdotes. Y las dos mujeres fueron a hablar con él. La hija de la “endemoniada” aseguró que su madre, que durante muchos años había sido de muy mal genio y de carácter imposible, ahora era cariñosa y amable. Además, había recuperado la vista completamente en los dos ojos, porque antes uno estaba ciego y el otro había perdido la mitad de la visión. La familia, que culpaba a la madre por haber hecho marchar a su marido con su genio imposible, ahora entendía que no había sido culpa suya. Las Hermanas de Santa Ana confirmaron al padre Rufus que toda la familia ahora era feliz y sana.


Rufus Pereira luego estudió cómo realizar el ritual completo del exorcismo, contactó con más exorcistas y crearon la Asociación Internacional de Exorcistas, de la que durante muchos años ha sido vicepresidente. Pero siempre recuerda que su primer caso no lo resolvió con el ritual, sino con una oración humilde en lenguas, la oración carismática que usa el habla sin lenguaje, cumpliendo lo que decía el apóstol San Pablo: “El Espíritu viene en nuestra ayuda en nuestra debilidad, porque cuando no sabemos como orar adecuadamente, el Espíritu mismo pide por nosotros en gemidos que no pueden expresarse con palabras” (Romanos 8,26).

4 de agosto de 2011

LA IGLESIA LUCHA CONTRA EL DEMONIO

Amando Sanz ha realizado exorcismos durante casi 30 años


Un exorcista dice: «El diablo no es una idea; es un ángel rebelde, pervertido y mentiroso»


Este exorcista madrileño ha visto cómo la fuerza de la oración y el perdón son más fuertes que el demonio y el odio: «No perdonar a los enemigos, guardar rencor u odio, conlleva perjuicios para la salud física y espiritual», asegura.


Actualizado 4 agosto 2011


Sara Martín, Mónica Vázquez/ReL


TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD


Es un sacerdote como todos los demás, salvo por ser uno de los pocos autorizados para realizar exorcismos. Sus prácticas son fieles a lo dicho por Jesucristo a los discípulos: «A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán leguas nuevas» (Marcos 16, 17).


–En el libro «Habla un exorcista», de Gabriele Amorth, dice que cada exorcista tiene sus experiencias irrepetibles. ¿Cuál es la suya?
-La liberación más notable que tuve fue en Nueva York. Allí bauticé y administré todos los sacramentos a un señor portorriqueño. Poco después alguien me dijo que este portorriqueño se quería suicidar porque tenía «líos» con el demonio. Me dijo que su hijo mayor enfermó a los dos años y ningún médico podía curarle, entonces acudió a un hechicero. El brujo le dijo que hablara con el demonio y que hiciera lo que le pidiera. Una noche de luna llena fue a un bosque y comenzó a invocar al demonio. Le entregó el alma y su hermano se curó. Pero ahora que se había convertido, el demonio le incitaba al suicidio. Yo hice una liberación, él se puso a temblar. Seguí impertérrito orando y seguía igual. Invoqué a Dios una cuarta vez y en ese momento se calmó, se hincó de rodillas, seguí rezando y el hombre se quedó muy contento.


-¿Cuál es el paso previo a cualquier exorcismo?
-Uno de los pasos importantes que pocos conocen es el valor del perdón, ya que no perdonar a los enemigos, guardar rencor u odio, conlleva perjuicios para la salud física y espiritual. Por no perdonar vienen muchas enfermedades físicas, psíquicas y del espíritu. En una ocasión en Madrid vino a verme una mujer a la que los psiquiatras, después de tratarla, determinaron que estaba endemoniada. Como tenía mucha fuerza, vino acompañada de varias personas, entre ellas su marido. Cuando comencé a rezar, ella se puso furiosa, y no la podíamos sujetar entre todos. Estaba revolcándose en el suelo, y yo seguía haciendo la liberación. Por fin se fue calmando y le pregunté si quería confesarse y se confesó. Después ella habló a todos: «Lo que más me ha ayudado a liberarme ha sido el haber podido perdonar a una persona a la que tenía mucho odio».


-La estrategia del demonio. ¿De qué formas ataca el demonio?
-Hay tres grados: posesión, obsesión y opresión. La posesión es francamente rara y ocurre cuando uno hace un trato con el diablo. La posesión es estar sometido al diablo incluso en la voluntad, es como un juguete en manos del demonio. La obsesión es más fuerte que la tentación, por ejemplo, la obsesión de suicidio. Lo que hace el diablo es alentarla. La opresión la puede tener cualquiera, incluso los santos, como el cura de Ars que tenía muchas opresiones diabólicas. San Antonio Abad en el desierto también las tenía.


-¿Por qué cree que la gente recurre más a los tarotistas y a los hechiceros que a la Iglesia?
-La fe se va extinguiendo en varios sectores. Muchas veces cuando voy en Metro me dan papeles con direcciones de brujos y hechiceros que prometen el oro y el moro. Dicen que pueden hacer resucitar el amor en el matrimonio, quitar maleficios, enfermedades. Éste es el demonio que tiene envidia de Dios y quiere imitar lo que hace Dios. Jesús predicó sanando a los enfermos. Si hoy hay pocos signos o señales es por la falta de fe. Entonces la gente, como no ve la solución en la Iglesia, se va a los grupos y hechiceros. Lo que más hago ahora es quitar maleficios. Conozco un caso en Gran Canaria de un matrimonio que fue a un espiritista porque no recibió ayuda de la Iglesia, ya que hay sacerdotes que no creen en esto.


-¿Hacer exorcismos también es bueno para usted?
-Sí, ya que ayudar al prójimo es una de las cosas que más gozo me da, ya sea confesando, haciendo un exorcismo. De todos modos sólo soy un instrumento, todo lo hace Dios. Básicamente lo que motiva es ayudar al prójimo. Soy sólo un instrumento, todo lo hace Dios, pero me da un gozo tremendo.


-¿Qué es la oración en lenguas que muchos exorcistas y usted utilizan?
-La oración en lenguas es un don del Espíritu Santo del cual habla San Pablo en la primera carta a los Corintios. Es un don que venía a los cristianos cuando se bautizaban y recibían el Espíritu Santo por la confirmación, porque la ceremonia era seguida una después de otra. Santa Teresa lo llamaba «la jerigonza». En Pamplona yo estaba un vez orando en lenguas y un chico que tocaba la guitarra en un retiro me dijo: «Padre, cuando estaba usted orando en lenguas, yo escuché en español lo que usted estaba diciendo». En la Iglesia no es tan común el don de lenguas. Esto lo ha traído el Espíritu Santo en la Renovación Carismática desde hace 30 años. Es un don de Dios que se había extinguido en la Iglesia, así como algunos otros por la herejía de los Novacianos. Eran unos exagerados que no pedían para nada permiso, ya que lo que importaba era estar inspirados por Dios. Se cometieron muchos abusos, y entonces la Iglesia comenzó a recortar estos carismas: el carisma de profecía, de lengua, de palabra de conocimiento, por los abusos que se cometieron. Ahora el Espíritu Santo ha vuelto a darlos a la Iglesia, a resucitarlos, a renovarlos.


-El diablo maneja la ouija. ¿La ouija es una práctica demoníaca?
-Totalmente. Una persona que hacía la ouija estaba muy impresionada. Ella no quería ir pero su novio la obligaba. La última vez fue, pero se quedó de pie en una esquina de la habitación. Vio que a uno de los que estaban sentados se le tranformaba la cara en diablo «con cuernos y todo», y que se dirigía a ella y le decía «tu padre tiene un tumor gravísimo en el cerebro». Finalmente se comprobó que era cierto y el padre murió. La chica vino a verme para que orara por ella y la ayudara. Está claro que la ouija la maneja el diablo.


-¿El diablo lo ataca por ir contra él?
-Supongo que al diablo no le gusta lo que yo hago, pero como yo siempre me protejo y le pido ayuda a Dios, no lo noto. Creo que el diablo me atacará de mil maneras, pero si digo misa y recibo al Señor todo los días, escucho su palabra, estoy archidefendido de todos los males.


-¿Es verdad que antes se decía un exorcismo después de cada misa?
-Sí, pero se quitó después del Concilio Vaticano II. Se decían dos oraciones: una a la Virgen y otra a San Miguel Arcángel. Todo surgió a raíz de una visión que tuvo el pontífice León XIII durante una misa. En ese momento se levantó y escribió esta oración que mandó a todos los obispos diocesanos del mundo. León XIII experimentó la visión de los espíritus infernales que se concentraban sobre Roma.


-¿Cómo definiría usted al demonio?
-Muchos no creen en el diablo, le llaman fuerzas negativas. Sin embargo el diablo es un ser personal pervertido y mentiroso, se opuso a Dios. El mal no es una abstracción, sino que designa a una persona. El diablo es aquél que «se atraviesa» en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.