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3 de marzo de 2012

AUNQUE USTED NO LO CREA

Un exorcista relata la primera vez que se enfrentó al Maligno: «Me escondí detrás de unas monjas»


TOMADO DE RELIGION EN LIBERTAD


De niño, Rufus Pereira era devoto y buen estudiante, pero muy tímido. Creció en una familia y un pueblecito católico de las afueras de Bombay, en la India, una comunidad evangelizada por San Francisco Javier hace 400 años. En la familia rezaban el Rosario unidos cada día, arrodillados ante un altar casero con la imagen del Sagrado Corazón. “Siempre comíamos juntos y compartíamos las vivencias del día”, explica el hoy popular sacerdote.


La vida del pueblo era de una auténtica comunidad cristiana. Junto a la cruz en la plaza del centro se reunían los vecinos. Las casas estaban siempre abiertas, y todos compartían fiestas, enfermedades o entierros. Rufus ayudaba en misa, en una parroquia de 4 siglos fundada por portugueses, sin llegar a ser monaguillo “porque yo era muy flojo y temía que se me cayese el pesado misal”. Aunque tenía buena memoria, era tan tímido que no se atrevía a recitar los poemas obligatorios en el colegio (que se sabía perfectamente) y le ponían malas notas.


Pequeño y fragil entró en el seminario de Bombay, dirigido por un jesuita español, que profetizó que aquel chico canijo y calladísimo nunca sería predicador. Se equivocó.


Realizó los estudios superiores en el Colegio Urbano de Propaganda Fide en el Vaticano, y fue ordenado allí en 1956 junto a 34 compañeros de 20 países. Cada cinco años vuelven a encontrarse.


El Espíritu Santo le quitó la timidez


En 1972, Rufus Pereira llevaba 13 años como pastor de una parroquia en Bombay y atendiendo varios colegios, cuando cambió su enfoque pastoral al conocer la Renovación Carismática. Le interesó porque él siempre fue un apasionado de la Biblia, y veía que los carismáticos la usaban con soltura y pasión. En Pentecostés unos carismáticos oraron pidiendo para él la “Efusión del Espíritu Santo”. “Tuve una experiencia abrumadora del amor de Dios, mi Padre, un encuentro personal con Jesús como Señor y Salvador y un derramamiento del Espíritu Santo que cambió mi vida. Esto me aportó un hambre increíble por la Palabra de Dios, una insaciable sed y gran gusto por la oración, un deseo gozoso de comunión y una compasión profunda por las personas de corazón herido”.


Rufus se convirtió así en un predicador apasionado, especializado en temas bíblicos. El cardenal Gracias, de Bombay, le dio permiso para que se dedicase por completo a la predicación itinerante. Se convirtió en formador de laicos enamorados de la Biblia en el Instituto Bíblico Católico Carismático de Mumbai (el nuevo nombre de Bombay) y en editor de la revista “Charisindia”. Un antiguo colega de Roma, que ahora era arzobispo en Japón, le dijo: “Rufo, tú que eras siempre tan serio y equilibrado, ¿cómo es que te obsesionaste con estas manías carismáticas?”. Pero al padre Pereira nunca le han faltado las peticiones para predicar en todo el mundo.


Exorcismo a la hora de la siesta


En julio de 1976 Rufus Pereira realizó, muy contra su voluntad, su primera oración de liberación. Le gustaba la predicación carismática, la Biblia, hablar del amor de Dios… pero “no podía aceptar que en estos tiempos modernos la gente pudiera quedar poseída”. Estaba predicando un retiro sobre la Providencia a las Hermanas de Santa Ana en Secunderabad, en el centro de la India. La misa había sido intensa, la comida también, Rufus se retiró a su habitación a descansar, empezaba su siesta (usa la palabra española “siesta” en su relato en inglés en la revista “Charisindia”)… cuando llamaron a la puerta.


Allí estaban la superiora, la provincial y la maestra de novicias de las Hermanas con dos mujeres, hermanas de sangre, de una familia católica bien conocida en la zona. El hijo de una de ellas estaba en un asilo mental, y pensaban que el chico probablemente no estaba enfermo, sino poseído.


“Les dije que no podía ir con ellas a rezar por el chico, y que deberían ser ellas las que rezasen por él. Pero ellas insistieron, y decían que muchas enfermedades y aflicciones emocionales que atormentaban a sus familias se originaban en una diosa-demonio popular, de la que sus ancestros habían sido sacerdotes. Y que aunque iban a misa diaria y rezaban el rosario diario, no mejoraban”.


Rufus no sólo no creía en tales demonios, sino que admite “que estaba enfadado con las Hermanas y la familia por interrumpir mi siesta. Así que les dije que rezaran más. Y como último recurso me dijeron: ´al menos puede rezar por nosotras ahora´. Les dije que ya lo haría luego por mi cuenta. Pero sentí como si el Señor me dijese: ´Rufus, esta gente ha venido buscando a un sacerdote para que rece por ellos ahora. Lo haces ahora.´. Me enfadé un poco con el Señor, pero recé, con bastante reticencia, siento decirlo. Y muy suavemente pedí que Jesús liberase a esa familia de ese demonio… suponiendo que existiese”.


“Me escondí detrás de las monjas”


“La reacción fue instantanea e inesperada. La mujer más bajita, la piadosa, que me había estado contando sus problemas mientras sus dedos pasaban las cuentas del rosario, cayó al suelo con gran fuerza y por primera vez en mi vida me vi cara a cara con el Maligno. Me escondí detrás de las monjas, mientras ella me gritaba obscenidades y me gritaba que volviese a Bombay… ¡en inglés, una lengua que ella no conocía!”.


Pereira, que no había recibido ningún entrenamiento para casos así, se quedó estupefacto e impotente, sin saber qué hacer, mientras una veintena de novicias de Santa Ana vaciaban botella tras botella de agua bendita sobre la mujer enfurecida y agitada sin ningún resultado.


El poder de la oración en lenguas


“De repente, sentí una unción del Espíritu Santo que me dio firmeza, dio poder a la gracia de mi sacerdocio y me guió a rezar con confianza y suavidad en lenguas, la puerta -me habían dicho- de los carismas de poder y conocimiento. Se produjo una transformación inmediata en la mujer. De una cara diabólica de odio y manos como garras, a una contención angelical de gentileza y manos alzadas para alabar a Dios… aunque seguía tumbada de espaldas en el suelo. Se sentía muy débil, sin fuerzas, pero con paz y gozo. Su familia la llevó a casa en un vehículo”.


Una semana después, Pereira volvió al pueblo a dar un retiro a sacerdotes. Y las dos mujeres fueron a hablar con él. La hija de la “endemoniada” aseguró que su madre, que durante muchos años había sido de muy mal genio y de carácter imposible, ahora era cariñosa y amable. Además, había recuperado la vista completamente en los dos ojos, porque antes uno estaba ciego y el otro había perdido la mitad de la visión. La familia, que culpaba a la madre por haber hecho marchar a su marido con su genio imposible, ahora entendía que no había sido culpa suya. Las Hermanas de Santa Ana confirmaron al padre Rufus que toda la familia ahora era feliz y sana.


Rufus Pereira luego estudió cómo realizar el ritual completo del exorcismo, contactó con más exorcistas y crearon la Asociación Internacional de Exorcistas, de la que durante muchos años ha sido vicepresidente. Pero siempre recuerda que su primer caso no lo resolvió con el ritual, sino con una oración humilde en lenguas, la oración carismática que usa el habla sin lenguaje, cumpliendo lo que decía el apóstol San Pablo: “El Espíritu viene en nuestra ayuda en nuestra debilidad, porque cuando no sabemos como orar adecuadamente, el Espíritu mismo pide por nosotros en gemidos que no pueden expresarse con palabras” (Romanos 8,26).

18 de agosto de 2010

EL DON DE LENGUAS

EL DON DE LENGUAS
UN DON DE ORACIÓN


LOS CARISMAS EN LA IGLESIA DE HOY


MI EXPERIENCIA


Uno de los temas más controvertidos SIEMPRE es el de los Carismas. Cuando se habla de ellos por lo regular es con sorna (burla, escepticismo, incredulidad, sarcasmo) Y si uno comparte con alguien, si dices por ejemplo: “El Señor me dió éste o tal carisma” luego luego surge una sonrisita sarcástica o una expresión aparentemente bien intencionada PERO MUY HIPÓCRITA: “Bueno, Tú que estás más cerca de Dios, pídele mucho por mi”. Te das la media vuelta y te critican. Pasa entre laicos y pasa también entre sacerdotes, para que nos hacemos que no...



Cuando estuve con los Franciscanos como estudiante había una especie de “persecusión” y no podíamos reunirnos para orar, por un argumento tonto: “Están comportándose como secta y eso no va con el carisma de Francisco” Y se nos prohibía. Aquí el descalificarnos se mezclaba con aparente celo por el carisma de la vida Franciscana... ¡que fraude¡ Usaban a San Francisco para impedirnos ir por un camino que a los formadores no les simpatizaba. Yo entonces me preguntaba: “Este padre, ¿cree en Dios?” Y me surgía en la mente una frase sincera: “creo que no”. Tal vez estaba siendo igual de “nazi” que él, con estos pensamientos.

Pareciera que en este 2010 –de alguna forma y en ciertos lugares-- hay una cruzada contra los Carismas... y contra los “carismáticos” o renovados. Una cruzada en la que están comprometidos algunos sacerdotes, laicos y obispos. Se trata de atribuir “eso” al sentimentalismo y subjetividad (esa última palabra era la favorita por allá por los 80´s. Ahora es “emocionalismo”) Los enemigos de los Carismas ¿Creerán en verdad en Dios? ¿Tendrán envidia de que ellos no reciben “eso”? ¿Se sentirán moralmente inferiores a los que si reciben? Habría que preguntarles, pero por lo regular salen con una respuesta intelectualoide tipo: “El amor es el más grande de los Carismas” Sí, ¿y?...



Afortunadamente ni el Papa (desde Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI) ni la mayoría de los obispos están en esa actitud tonta. De hecho hace poco el Santo Padre exhortó a los obispos a respetar los diferentes Carismas y espiritualidades que se dan en la Iglesia. En ocasiones paareciera que es para muchos más preocupante –entre el presbiterio en general-- el que algún sacerdote ejerza un Carisma a que tuviera problemas de conducta de otra índole. Sí, se soporta menos a un “carismático” que a un problemático. Tal vez cuando nos califican, en el mejor de los escenarios, piensan que es un caso de presunción. Tal vez creen que son cosas que ya no se dan, que pasaban en aquellos años idos de Los Hechos de los Apóstoles solamente. Quiero pensar eso. ¿Por qué tendrán que calificarnos de acuerdo a sus experiencias? ¿Nuestras experiencias no son válidas y las de ellos si?. Como dicen los gringos: Come on¡¡¡

Puede pensarse que esto no importa, pero importa mucho. Cuando al frente de una Diócesis o de una Parroquia o de un Movimiento está alguien que tiene esta postura de negar “a priori” los Carismas, lo que hará será detener el trabajo del Espíritu Santo, eso es lo que hace. Comprobado: Los “Carismáticos” son los más obedientes, celosos y trabajadores. Pero tienen miedo... y nosotros también.


MI EVANGELIZACIÓN

Fue hace 28 años, en la comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Chapalita, en Guadalajara. Recuerdo muy bien aquellos días. El retiro duró de jueves a domingo en “Villa María”... no recuerdo ahora en dónde queda. Los temas los dieron laicos de la comunidad... por ejemplo recuerdo a mi amigo Enrique Zepeda Sánchez, al Sr. Rojas y a la Sra. Esther Sánchez (mamá de Enrique, a la que mando un afectuoso saludo).

Y los asistentes a tal Evangelización nos tuvimos que ganar nuestro lugar, asistiendo por un tiempo primero a la alabanza todos los miércoles. Yo era parte del Ministerio de Música y tenía ya unos meses asistiendo todos los miércoles a la Asamblea y los sábados a los ensayos. Los que hacíamos el retiro de Evangelización éramos un grupo un poco heterogeneo... desde un chavito como de 12 años hasta personas mayores. Los temas me parecieron bien, pero nada del otro mundo. Poco a poco fuímos entrando a un ambiente en el que podíamos en verdad sentir la presencia de Dios, sobre todo en la capilla.

PARROQUIA DE NTRA. SRA. DE GUADALUPE. CHAPALITA. GUADALAJARA, JAL.


EL MERO DÍA

Se llegó el Domingo, día de la “imposición de manos”. Nos anunciaron que venía un padre muy bueno, de Cuernavaca, en Morelos: El padre Onésimo Cepeda. Si, ahora es obispo de Ecatepec, Edo. Mex. El fue quien oró por nosotros. Cuando me impuso las manos yo sentí un gran calor, que me invadía desde la cabeza. También sentí una gran paz y un gran amor al que yo llamaría “amor de Dios”. Tuve una experienciaa de Dios, la primer gran experiencia de Dios. Algo que aún ahora recuerdo con gran agrado y emoción. Aquí es donde mi vida cambia... Dios dejó de ser una idea filosófica para convertirse en una realidad fácil de palpar y sentir. Por cierto ese día coincidió con mi cumpleaños XVIII y con el Domingo de Pentecostés, era Mayo 30 de 1982. Fue un gran regalo, el mejor de todos.

Duró semanas la “luna de miel” espiritual... a pesar de las provocaciones de mi hermana quien se empeñaba en “cucarme” para según ella demostrarme que nada había cambiado y que yo seguía siendo el mismo de siempre.



EL DON DE LENGUAS


A la semana de que terminamos nuestra Evangelización nos reintegramos todos a lo habitual. Regresé al Ministerio de Música a ensayar. Ese ensayo fue en la casa de Oscar y Benjamín, dirigidos por Fernando Schwartz (no se si esté bien escrito) Recuerdo también a Toño, Alma, Paco y Enrique. En un momento se hizo oración por nosotros para que El Señor derramara sus bendiciones sobre nosotros. Antes de eso le conté a Enrique lo maravilloso del retiro y le decía, sin embargo que yo creía que El Señor podía hacer todo desde sanar enfermos y profecías y todo eso, pero, le dije: “Las lenguas para mi es una payasada”.

Al momento de la oración yo le decía al Señor: “Señor, te amo y yo se que Tú también me amas. Dame lo que quieras, menos eso de las lenguas”. De pronto empecé a sentir cómo mi cara se me alacambraba, me hormigueaba el mentón y los labios... la lengua la sentía como si se mandara sola porque se me movía en contra de mi voluntad. Apreté las mandíbulas y le decía “Señor eso no por favor¡¡¡”. Pues eso fue lo que me dió. Ya no pude resistir y de mi boca salieron sonidos que yo no podía ni detener ni entender... Bueno ¿Qué podía hacer sino agradecer? Todos –sobre todo Enrique-- se rieron suave y burlonamente porque recordaban mi reticencia hacia las lenguas.

Y en los momentos difíciles la oración en lenguas me ha sostenido. Cuando no se por qué pedir, oro en lenguas, cuando no se qué me pasa oro en lenguas... Pídele al Señor este don que es, ante todo, un don de oración... Lee un poco en Romanos 8 y I Corintios 12, 13 y 14. Esto Dios me lo dió, a pesar de mi resistencia y falta de fe. Si, yo oro en lenguas, y si lo crees o no, no me afecta. Y se que no soy el único que ora en lenguas.... habemos millones de lenguas largas. ¡GLORIA A DIOS¡.


PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.