7 de agosto de 2013

IDEALES

HERMANO SOL, HERMANA LUNA.

De nuevo vi la película ‘Hermano Sol, Hermana Luna’, por enésima vez en mi vida; la primera vez que la vi era tal vez el año de 1975 ó 1976, en el cine ‘Colón’ por el rumbo del Templo Expiatorio en Guadalajara. Una película ‘muy llegadora’ dirigida por el espectacular director Franco Zefirelli; protagonizada por actores que por desgracia se perdieron en el montón. Definitivamente esta es una de las películas que más me han tocado… Junto con ‘La Misión’, ‘La Novicia Rebelde’ (aunque se rían), ‘Un Bellísimo Verano’, ‘Campos de Esperanza’, ‘La Vida es Bella’, ‘Cinema Paradiso’, ‘El Padrino’ (las tres), ‘El Nombre de la Rosa’, ‘Baāria’, La Vida de Juan XXIII, La Vida de Paulo VI, etcétera.

Para los que no han tenido la dicha de verla, sólo les digo que su tema central es la vida de San Francisco De Asís. Nos presenta en forma tal vez cruda, una situación –siglo XIII– en la que la Iglesia está alejada de los pobres, en la que los obispos y los abades son auténticos señores feudales, los sacerdotes mediocres ‘trabajadores de la fe’ y el papa el hombre más poderoso del mundo: Inocencio III. Nos muestra un mundo envuelto en la guerra y la ambición. Es la edad feudal.

Para mi gusto es excesivamente breve la presentación del Francisco mundano, que se deja llevar por los ‘valores’ de la época. La sed de gloria y fama se contonea en los campos de batalla y se asienta –eso si como siempre– en el dinero producto de la opresión sobre los pobres y desamparados. La máxima aspiración de los jóvenes como Francisco es ser famosos por las guerras peleadas y ganadas. No alcanza la película a mostrarnos en forma convincente que el regreso de Francisco a su ciudad, abandonando la batalla, es producto de esa experiencia de Dios, en la que comprende que todos esos ‘valores’ son basura y lo que vale en verdad es lo contrario: La Paz, la humildad, la mansedumbre.

La película nos muestra a un Francisco romanticón, soñador y meloso, que todo lo ve impregnado de amor y de la presencia de Dios, sobre todo en los pobres, enfermos y débiles… Por desgracia no nos muestra que ese estado de optimismo desbordado es el resultado de una personalísima y radical experiencia de Dios; la situación y sucesos de aquellos años no podrían dar para tener una visión así, a menos que en verdad se estuviera inundado de Dios. Sólo los más agudos podrán ver que ese estado de alegría franciscana tiene que ver con Dios, cuando aparece la derruida capillita de San Damián que Francisco reconstruye.

No cabe duda de que Dios suscita los santos que su Iglesia necesita. Y esta película nos lo muestra en forma magistral. La situación de la Iglesia en ese siglo XIII no podría ser peor: una jerarquía totalmente divorciada del pueblo, un monacato aislado en una vida –salvo excepciones– totalmente desencarnada de las necesidades eclesiales; la jerarquía por desgracia más dada a las cosas del poder que a las tareas pastorales, unas clases populares rurales y urbanas abandonadas en la ignorancia y que eran presa fácil de las sectas (¿como ahora?). Francisco viene a ser –junto con sus frailes– una especie de intermediario, que evangeliza a los pobres, a los ricos… Y a la jerarquía eclesiástica misma. Su movimiento viene a rejuvenecer a la Iglesia y la salva de una verdadera catástrofe. Es el anti Lutero, quien años después dividirá a la Iglesia en forma lastimosa.

En fin, una película que bien vale la pena dar a conocer a los jóvenes y a quienes no la han visto. Una película que nos conviene ver a todos para renovar nuestros ideales…

‘Los ideales no son algo que les exigimos a los demás que vivan, sino algo que nosotros hacemos realidad viviéndolos’. P. Fray Guillermo Téllez-Girón Gil, OFM (QEPD).

Es hora de reciclar: películas, valores y héroes.

PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL

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