7 de septiembre de 2012

RELATOS FRANCISCANOS X

RELATOS FRANCISCANOS X

MIS ÚLTIMOS MESES EN LA VIDA FRANCISCANA


VIVIR EN ZAPOPAN UNA GRAN EXPERIENCIA

La vida en el convento de Zapopan por supuesto que es muy diferente a la de Guadalupe. Para empezar, como ya se dijo en otro Relato, en este convento han llegado a vivir más de cien frailes por albergar varias instituciones y no sólo el santuario y estudiantado. Por supuesto que la Romeria del 12 de Octubre de cada año es muy importante para la vida de todos los frailes de la Provincia, pero en especial de los que viven en Zapopan. Y todos se involucran, en especial los estudiantes. La Romería es responsabilidad tanto del Guardián como del Provincial. Y también –de unos años para acá por ser la patrona de la Arquidiócesis– del Arzobispo.

Las clases son la parte esencial –aparte de la Misa y la oración litúrgica y personal– de la rutina de los estudiantes de Filosofía. Esta rutina se completa con el deporte diario, las convivencias, el apostolado y los oficios de casa. La vida lleva un buen ritmo.

Un suceso que nos marcó a todos fue la muerte de un compañero: Fray José Concepción Rivera, por todos nosotros llamado Fray Concho… Era oriundo de Gómez Palacio, Dgo. Muy querido por todos los hermanos y con altos ideales misioneros. Su juventud y temprana muerte fue también una violenta sacudida, no sólo para nosotros sus compañeros y contemporáneos sino para todos los hermanos. Los designios de Dios son insondables. La muerte de Concho claro que nos hace pensar más en serio sobre la necesidad de estar preparados SIEMPRE. Todos sentimos el dolor de su partida.

LA SALIDA DEFINITIVA DE LA VIDA FRANCISCANA

En el pasado ya había abandonado el noviciado en un par de ocasiones. Había estado un poco en Guaymas, en Los Angeles y en las misiones Del Nayar. Pero, a pesar de toda esa experiencia, tenía serias dudas sobre mi vocación –no al sacerdocio– sino a la vida franciscana. No tenía problemas “existenciales” en verdad, pero considerando mi vida prospectivamente, no me ‘veía’ como una persona realizada en este tipo de vida conventual. No tenía tampoco dudas sobre mi amor a San Francisco de Asís y sus ideales de vida observante del Evangelio… Pero veía poco a poco, no que no fuera excelente el carisma franciscano, sino más bien mi incapacidad para vivir en forma entregada e intensa la vida religiosa. No me gustaba la posibilidad de la mediocridad perpetuada día a día hasta poder convertirse incluso en “mi fracaso existencial”, por mi no poder adaptarme y entregarme en forma plena a Dios en el seguimiento de su Amado Hijo.

Y había cosas muy concretas: el tener que habitar en un convento en lugar de poder vivir con mi familia; la imposibilidad de ayudar económicamente a las necesidades familiares –aunque fuera en manera limitada–. Fui descubriendo que estaba hecho para una vida más individualista que comunitaria. Sí, con todo el dolor de mi corazón tuve que aceptar mi incapacidad para vivir la fraternidad a la manera de la vida religiosa. Y ser franciscano es ser eminentemente hermano.

ENTREVISTA CON EL PROVINCIAL

Cada jornada me costaba más que la anterior. Me movía el sentido del deber, y todo lo hacía bien y de buena gana, pero no me entusiasmaba mi vida conventual. Sabía lo que eso significaba, aunque no lo quisiera admitir. Percibía en mi un ‘tenue’ miedo de enfrentar la situación en conciencia y ‘tener que empezar’ a tomar la decisión de salir… De alguna manera me amenazaba el fantasma del fracaso. Le tenía más miedo al ‘aparente fracaso de tener que salir’ que al mismo hecho (de dejar esa vida). ¡No podía tomar decisiones por inercias incluso ajenas a mi! ¡Yo nunca he sido así! No iba a empezar ahora…

Creo que hubiera sido –hasta cierto punto– más fácil quedarme que irme, pero no debía ser cobarde. Y me asaltaban pensamientos como “¿Qué pensarán de mi?” o también “Van a pensar que soy un fracasado”. Pero se trataba de ‘Mi vida y el llamado de Dios’. ¿Me llamó Dios y yo no respondí?. Ahora todo eso está claro. El tiempo con los frailes fue muy bueno, me formó en verdad. Gracias.

Así que adelante. Fui a buscar al P. Provincial (Fray Daniel Córdova Ibarra) a quien conocía desde el primer día que ingresé a la formación franciscana. Me daba pena decirle que me quería ir y que estaba ‘ahora si’ seguro. Me escucho con gran paciencia y caridad, me dijo que era un buen hermano (espero no lo haya dicho por caridad sino en realidad). Trataba de persuadirme, pero todo cambió cuando le dije: “Padre, yo quiero mucho a San Francisco, a los frailes, quiero mucho a Guadalupe y Zapopan; estoy muy agradecido con Dios y con la Provincia, pero esta vida no es para mi. Es el momento de irme, ahora que valoro todo lo que he recibido. Me dolería en el alma que esta gratitud que tengo se convirtiera –poco a poco– en rencor, en frustración. Muchas cosas que no me gustan no van a cambiar sólo porque yo quiero; así son y así seguirán y así tienen que seguir”.

Me miró a los ojos con claridad. Y dijo: “Bueno, ahora lo veo. Tienes razón. Es una lástima, pero el llamado es a algo específico”. Me pidió esperarme tres meses. Así lo hice.  Platiqué largo y tendido con el P. Antonio González Porres el Maestro. Vi en su rostro que mi decisión le dolió, pues teníamos una sincera amistad, que valoro hasta el presente. Me deseó lo mejor y me dijo que siguiera el llamado de Dios cuando se manifestara de nuevo.

Pero cada día era pesado, pues transcurría muy lentamente. Sí, eso era señal de que –ahora sí– la decisión era la correcta. Me parecían lentos los días, pero llenos de paz y agradecimiento.

No descarto la posibilidad de un día pedir mi afiliación a la Orden Franciscana y se me permita usar el hábito de San Francisco. Sería para mi un gran honor.

Y AFUERA…

Por fin salí, no recuerdo cuando, pero fue en Abril del 1991 (creo). Trabaje en Banpaís, di clases de Inglés en el Cervantes Costa Rica de los Maristas y trabajé en una oficina. De cómo fue la transición hacia Aguascalientes será motivo de otros relatos.

Una de mis últimas oraciones como fraile fue algo así como: “Señor, si Tú quieres que sea sacerdote, ya sabes dónde vivo”. Y Él dio conmigo –no le fue difícil saber mi domicilio– y aquí estoy ya con casi 15 años de vida ministerial… No en Japón –donde soñé con un día ser misionero– sino en Aguascalientes, donde –para mi consuelo– al menos se hacen autos japoneses… Parece me quedé corto de gas. Pero aquí estoy, para hacer su voluntad.

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