22 de diciembre de 2011

UNA FIESTA DE CRISTO SIN CRISTO

LA NAVIDAD: NACIMIENTO DEL SALVADOR


LA FECHA:


Nosotros, los cristianos-católicos, celebramos el 25 de diciembre La Navidad: La Gran Fiesta Del Nacimiento de Jesucristo, nuestro Dios y Salvador. Es imposible establecer el día en que tuvo lugar este gran acontecimiento histórico, pues apenas si se ha podido calcular un año tentativo. Para unos El Señor nació más o menos unos seis años antes de lo que para nosotros es el año cero, es decir, el inicio de nuestra era. Otros opinan que más bien serían sólo tres años de diferencia. Como quiera que sea, el Nacimiento del Señor fue hace aproximadamente dos mil dieciséis o dos mil catorce años atrás.


Y se fijó —hace aproximadamente mil setecientos años— como fecha LITÚRGICA de esta celebración (que no histórica) precisamente el día 25 de Diciembre. La Iglesia del siglo IV escogió ese día por coincidir con el solsticio de invierno, en que los romanos paganos celebraban al sol, como deidad suprema, con el fin de proclamar que, PARA NOSOTROS LOS CRISTIANOS, JESÚS ES EL ÚNICO SOL VENCEDOR QUE ILUMINA NUESTRAS VIDAS Y RINDE A LAS TINIEBLAS. Así, desde hace más de diecisiete siglos, celebramos La Navidad. Algunas Iglesias cristianas históricas (no sólo la Católica) también celebran la Navidad en la misma fecha. Las Iglesias Ortodoxas Orientales y algunas Iglesias Nacionales (Coptos y Maronitas, por ejemplo) conmemoran el Natalicio del Señor el día 6 de Enero. Muchas sectas neo-cristianas (la mayoría de raíz gringa y con “sucursales sobre todo en América-Latina”) no la celebran, mas por ciego y rabioso anticatolicismo, que por convicción sólida con fundamentos bíblicos o históricos serios.


LA DINÁMICA LITÚRGICA DE LA CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD


No celebramos sólo para recordar en afán de preservar un recuerdo histórico. Celebramos para CONMEMORAR. En otras palabras, recordamos el pasado, para actualizar el suceso en el presente, para que nos sirva de senda al futuro: en este 2011 recordamos aquello que sucedió hace más de dos mil años, pero para prepararnos al futuro. Lo único que falta (cronológicamente) al misterio de Cristo es LA PARUSÍA, su segunda venida EN GLORIA Y MAJESTAD. No nos quedamos en el recuerdo pretérito, ni nos contentamos con “revivir” en el presente lo ya sucedido sino que, bebiendo de la fuente de la memoria, en el hoy, nos preparamos a lo que falta y llega inexorablemente a cada segundo en forma continua: el futuro. Nos abrimos a la esperanza de La Parusía: la manifestación definitiva del poder y la gloria de Dios.


UNA FIESTA CRISTIANA QUE SE HA DEGRADADO HASTA SER “OTRA COSA” MENOS CELEBRACIÓN DE CRISTO


La razón principal de esta degradación me parece que consiste en que se ha llegado al punto de celebrar más el efecto que la causa. Me explicaré: Por siglos se ha reflexionado acerca de los “frutos” de La Navidad en la existencia humana. Y se ha dicho —hasta teológicamente— que ésta trae al género humano salvación, alegría, concordia, paz, felicidad, fraternidad, etc. Y, como estamos siendo arrollados POR LA AGENDA SECULARISTA, se ha hiper-valorado lo meramente humano de la celebración, en detrimento de lo celebrado: “la alegría y la felicidad”. Y estos dos efectos se han equiparado —en forma premeditada y ventajosa— con satisfacción por el tener y el sentimiento de realización humana que producen el afecto y amor humanos.


Por lo anterior, la celebración ha sustituido a Jesús el celebrado, convirtiendo a La Navidad en una festividad desacralizada, mundana y meramente humana, con fuertes pero insuficientes implicaciones sociológicas y altruistas. Y así, son más importantes los regalos que el motivo de éstos. También en forma sagaz se ha querido sustituir una celebración EMINENTEMENTE RELIGIOSA, por un festejo familiar, que hace su centro cursi, chantajista y sentimentaloide a los niños: se usa a los niños para desplazar a Cristo… Se nos vende La Navidad como una fecha PARA HACER FELICES A LOS NIÑOS, y hemos caído en la trampa. Ha funcionado.


RESCATAR LA NAVIDAD


Ese es el reto. ¿Cómo? Bueno, al vivir la presente Navidad, hemos de recordar QUE CELEBRAMOS A CRISTO, que es una fiesta religiosa, que nos ha de llevar a la conversión, que ha de hacernos emprender con generosidad el camino de la Caridad Cristiana. Que apreciemos y agradezcamos el amor de Dios que se manifiesta en Jesús recién nacido. Ahhh! y es muy importante que asumamos como “incontrovertible” el criterio cristiano de ALEGRARNOS MÁS EN DAR QUE EN RECIBIR. En este tiempo los regalos —bajo estos criterios cristianos auténticos— habrían de ser más para los desconocidos que para los conocidos, más para los pobres que para los familiares. Cada regalo debería ser más obra de Caridad que obsequio banal o innecesario: Mas cobijas y menos nintendos, mas medicinas y menos perfumes, mas zapatos al descalzo y menos celulares o gadgets. QUE JESÚS ESTÉ EN NUESTRA LISTA DE OBSEQUIOS, AL MENOS. ¿Qué le puedo regalar a Jesús? Le puedes regalar un pollo rostizado vía una familia que padece necesidad, le puedes regalar una cobija vía el sin techo, le puedes regalar respeto vía el cónyuge o el hijo/a… ¿Qué le regalarás A JESÚS?.


PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.

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