3 de diciembre de 2011

¡QUÉ GRAN HONOR¡

SER PÁRROCO


Puede parecer que la principal ocupación de un párroco es administrar una “sucursal” del ente llamado Iglesia: entrevistas con las personas, firmas, sellos, papeles, fechas, contar morralla, organizar rifas y ventas de tamales, ajustar presupuestos, números… Y se puede considerar que, a la par de esta tarea administrativa, su siguiente y no menos protagónica encomienda —por importancia— sea la de “celebrador” de sacramentos y ceremonias. Yo no lo creo así… No lo he vivido así; aunque he visto a muchos así hacerlo, de esa manera u otras similares.


Estoy convencido de que ser “padre” —porque lo he vivido— es el papel principal de un párroco. Si, ya sabemos que esa es la palabra con la que los fieles nos designan a los sacerdotes. Les confieso que me parecía una palabra “excesiva” al principio de mi ministerio sacerdotal. Una palabra mal aplicada, pensaba. Pero el tiempo me ha hecho experimentar por qué nuestra gente nos llama así. Muchas veces enjugar lágrimas es tan “paterno” o más que cambiar pañales o dar cucharaditas de Gerber.


Para mi ser párroco ha significado acompañar a mi gente en sus luchas, angustias, triunfos, sueños, dolores, alegrías, derrotas, esperanzas, esclavitudes, liberaciones, frustraciones y gozos. Sí, me ha tocado “tener que ser” duro, tierno, considerado, moderado, radical, sincero, condescendiente, humano, feminista, ecologista, demócrata, sindicalista, gobiernista, opositor, mariano, populista, pedagogo, psicólogo, biblista, canonista, intolerante, comprensivo, apologeta; he tenido que hacerla de limosnero, de gestor, de amigo, de tío, de papá sustituto, de hermano mayor, de maestro, de consejero… De profeta del desastre, de anunciador de grandes cosas, de defensor del que no está y del que no se puede defender.


Me ha tocado la dicha de compartir todas las etapas de la vida con mi gente. Pero también me he tenido que indignar cuando los niños vagan por las calles y las madres ven televisión, cuando los jóvenes se golpean como animales, cuando los papás se gastan el salario en cervezas y cigarros, cuando son robados en las casas de empeño por ignorantes y despilfarrados, cuando mi gente se roba una a otra allanando la casa del vecino o por medio de la báscula “mal calibrada”, cuando hay violencia en los edificios, cuando los adolescentes no estudian y sólo pierden el tiempo engañando a sus padres, cuando los patrones los explotan y también cuando ellos —como trabajadores— no cumplen con su misión y obligación.


He sabido de los sinsabores de las madres de familia usadas por sus hijos y esposos como sirvientas en vez de ser respetadas y amadas; he llorado al ver como los ancianos son tratados con crueldad, cuando son despojados de sus bienes por sus propios hijos; me he enfrentado a la inercia del sentimentalismo en contra de la razón y la objetividad. He compartido la angustia de los trabajadores despedidos por el pecado de llegar a los 40 años; he llorado de rabia por la venalidad de las autoridades laborales cuando se han convertido en cómplices de las grandes empresas y permiten pagar por 20 ó más años de trabajo 10 ó 20 mil pesos… He sentido la indignación del pobre que tiene que acudir al IMSS o la Secretaría de Salud y que es tratado como cosa y no como persona. Me ha tocado llorar con jóvenes humillados por sus compañeros de escuela en esta selva llamada ciudad. Me he llenado de indignación al ver a los jóvenes siendo golpeados por quienes deberían poner el orden. Me he sentido defraudado cuando los adolescentes se comportan como jauría y dañan las cosas y bienes de otros igual de pobres y necesitados que ellos. Me he desesperado cuando constato que muchos de los padres y madres de familia no fomentan los valores cristianos y humanos sino la pereza y el egoísmo.


He gozado con la conversión de muchos que han hecho a Jesús el Centro de su vida. He visto su poder que se expresa a través de los Sacramentos y la Gracia. Me ha tocado preocuparme por recibos de la luz o el agua sin pagar, por niños que necesitan zapatos, por esposos incomprendidos, por esposas víctimas del machismo, por familias destruidas igualmente por el feminismo. Me ha tocado escuchar a niños y adolescentes que no son escuchados por sus padres; me ha tocado dar una palmada de aliento a los jóvenes que han terminado su carrera y no encuentran trabajo o que tienen que salir a otro país o estado para tener un empleo o que han pensado en el suicidio como la solución a la falta de oportunidades. He bendecido a Dios cuando me he encontrado con funcionarios públicos que ven su puesto como una herramienta para ayudar a los pobres y desamparados, pues si los hay….


He sentido el gozo de haber culminado muchas cosas materiales: oficinas, sacristía, torre, fuente, casa parroquial, monumento o salones construidos gracias al trabajo de toda una comunidad. He gozado en nuestras fiestas al Señor De La Misericordia o en la Pascua y Navidad. He visto cómo El Señor ha sido misericordioso con nosotros. He llorado de alegría al saber cómo María ha sido protección para muchos, en especial para los niños. Me he sentido orgulloso de muchos de mis amigos que han ayudado mucho con sus propios recursos para construir, para comprar pupitres, pintar o remodelar, comprar dulces o regalar medicinas.


He visto cómo El Señor ha liberado de la prisión injusta, cómo ha reconciliado familias y restaurado vidas que estaban en la basura. Hasta la he hecho de “celestino” buscando que el amor triunfe. He soportado algunos insultos (hasta eso pocos) y alguna que otra calumnia que ha caído por su propio peso. He sentido y vivido la presencia de Dios.


Ser párroco para mi ha sido lo máximo. ¡Cómo agradezco a Dios y a Don Ramón Godínez me haya nombrado párroco¡ He sido feliz. ¿Quién necesita “puestos” o nombramientos para ser feliz? Yo no. Gracias Señor porque me has hecho padre, porque me has hecho Párroco. Gracias por mi gente… Tu gente.


PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.

2 comentarios:

  1. Felicidades por el sacerdocio, Dios quiera que sea un nuevo cura de Ars en estos tiempos que tanto se necesita. Un cordial saludo:
    .
    Javier

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  2. Puedo dar fe de todo lo que dice en esta publicación, que bien se hacen las cosas cuando se hacen con amor, es usted un buen ejemplo de eso, muchas gracias por todo, Gloria a Dios!

    Plástiko

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