7 de junio de 2010

ARTÍCULOS VARIOS DEL P. RICARDO MARTÍN DEL CAMPO

¿QUIÉN ES CRISTO?



JESUCRISTO NO ES UN MUERTO VENERABLE

La Resurrección de Jesús es el “SÍ” del Padre a todo lo que en la vida del Maestro carecía de “lógica” y de “prudencia”. De la lógica de la Ley, y de la prudencia de Roma. Cosas tales como llamar felices a los pobres y a los pacíficos, regatearle derechos al César, enemistarse con la gente del Templo y señalar a los niños como paradigma del Reino. Cosas tales como andar en la “chusma esa” y comer con los pecadores. El Maestro tenía que acabar así. No podría haber sido de otra manera... El fracaso era previsible -decían discípulos y fariseos-. Y lo siguen diciendo ahora.


Más se equivocan. Jesús murió, pero el Padre lo resucitó de entre los muertos. El Padre le dió la razón. Lo levantó y le puso la bandera del triunfo entre sus manos aún llagadas. Cristo vive, no está muerto. Triunfó. ¡Es El Señor¡ Apoyados en el testimonio de los Doce, firmemente creemos y profesamos que Jesús es el viviente, y que la mañana del Domingo sigue alumbrando a la raza humana. Alumbrando, de luz y de alumbramiento. Porque Jesús ha inaugurado una nueva humanidad: Nueva historia, nuevo cosmos, nueva sociedad. Esta es nuestra Fe. Sólo este mensaje tenemos para evangelizar.

Jesús fue crucificado ¡pero el Padre lo resucitó¡ Jesús no fue un iluso fracasado, ni un impostor. NO ES SIMPLEMENTE UN MUERTO VENERABLE, ni recuerdo dolorido, ni espléndido sueño parcialmente rescatable. Tampoco simple héroe de mausoleo, para orgullo y discursos de sus seguidores. ¡JESUCRISTO VIVE¡ Esta es la gran diferencia y el magnífico mensaje y el sonoro pregón de los cristianos. El Padre le dió la razón, confirmó sus palabras, ratificó sus criterios y selló su proyecto como viable. Jesús tenía razón. ¡Jesucristo tiene la razón¡ Ahora y aquí. Entre nosotros. Su Resurrección no es sólo creencia, mensaje y pregón; es también compromiso y agenda.


La Resurrección de Jesús quiere decir que, en esta hora de mercaderes y publicistas, todavía son apetecibles la gratitud y la verdad. La resurrección de Jesús significa que, en este mundo de cinismos postmodernos y de planetarios comodinismos, todavía vale la pena vivir y morir por nuestras utopías. Jesús Resucitado es el símbolo, el fundamento, el motor, las arras de la tenaz lucha histórica de la humanidad en pro de la vida, del amor y de la paz. El triunfo está asegurado.

Creer en Cristo Resucitado equivale a proclamar que aún creemos en la justicia, que tenemos hambre de ella y también firme esperanza de su victoria, aún cuando las justicias de los pueblos se conviertan, día tras día, en grotescos bailarines que danzan al ritmo caprichoso de maquiavelismos políticos, de manipulaciones electorales y de ambiciones insaciables de los poderosos. En esta época de reacomodos geopolíticos y de monstruosa insensibilidad del imperio neoliberal ante la miseria de las masas, nosotros seguimos creyendo en la fuerza transformadora del Resucitado, en el poder de su Espíritu, en su proyecto reconciliador y justiciero. Jesús Resucitado está gritando: ¡NO TENGAN MIEDO, YO HE VENCIDO AL MUNDO¡”


Pbro. Ricardo Martín Del Campo

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