14 de julio de 2010

DESDE EL XXXII RETIRO NACIONAL DE SACERDOTES DE LA RENOVACION, QUERÉTARO MÉXICO.

A PROPÓSITO DE LOS CARISMAS


Negar los Carismas no es descalificar
a quienes los han recibido sino al que los da.

Los Dones del Espíritu Santo –que se dividen en ordinarios y extraordinarios por su repercusión en la vida de la Iglesia-- son innumerables y todos han sido dados a la Iglesia misma, para su beneficio y por supuesto para la gloria de Dios. La Teología nos presenta 7, pero recordemos que en la Sagrada Escritura este número significa plenitud. Dicen los expertos que esos 7 Dones que tradicionalmente se mencionan son en sí prototipos; es decir grupos de dones o frutos del Espíritu Santo.



Los Dones son manifestación clara de que Dios está al pendiente de su pueblo. No podemos concebir los Dones como adornos ni como “pruebas” de santidad personal. Por el contrario son muestras del poder y el amor de Dios. Negarlos no es descalificar a quienes los han recibido sino al que los da. Por supuesto que sobrevalorarlos tampoco es el camino adecuado. No es objetivo ni congruente con la fe afirmar que quienes creen en los Dones del Espíritu Santo viven en un mundo de fantasía y evasión ¿Será Dios evasión e ilusión? La respuesta es clara: No. Una fe que niega la intervención sobrenatural de Dios en la vida de sus creaturas se convierte en un “saduceismo” contemporáneo tan peligroso como el secularismo ateo.



En nuestros tiempos la acción del Espíritu es tan necesaria como valiosa, pues hay infinidad de necesidades que no se pueden llenar con ciencia o conocimientos humanos. La verdadera paz sólo viene de Dios y solamente Él puede sanar los corazones, los cuerpos y las mentes porque Él tiene todo el poder y todo el amor y conoce lo que nos conviene y necesitamos.

No son muchos los libros que se han publicado sobre –por ejemplo-- el Don de Palabra de Conocimiento. El presente no quiere ser un artículo “técnico” que agote el tema de los Dones o que pretenda poner reglas para su ejercicio. Más bien se pretende dar testimonio de que El Señor sigue actuando entre nosotros y a nuestro favor como su pueblo escogido.



Que el hombre común entienda que El Señor lo puede auxiliar no sólo por los medios ordinarios: Atención médica especializada, medicina en sus diversas ramas y tipos, terapias de diferente índole, auto-ayuda, literatura “ad hoc”, grupos de apoyo, oración, etc. Sino también por medio de la acción de su Espíritu.

Y que comprenda también que quien ha recibido dones del Señor no es alguien especial ni santo, sino hombre de barro igual a todos, en camino de conversión. Por otro lado consideremos que los dones no son para una élite de iluminados sino para todos los que abran su corazón y quieran vivir de acuerdo al Espíritu. La jerarquía –sin apagar el Espíritu como lo ha pedido el Papa Benedicto XVI a los obispos recientemente-- es la que tiene el carisma de discernir su autenticidad.

Creemos que el camino a los Dones es el sendero de la humildad y de la oración. El Espíritu Santo dará sus Dones a quien Él quiera y cuando Él quiera. No tengamos miedo al Señor ni a sus signos de amor y predilección por su Iglesia. Y recordemos que el más importante y grande es el de la Caridad, sin el cual los demas no aprovechan en nada, como nos enseña San Pablo en I Corintios en el capítulo XIII.

Y recuerda: Una fe que niega la intervención sobrenatural de Dios en la vida de sus creaturas se convierte en un “saduceismo” contemporáneo tan peligroso como el secularismo ateo mismo.

Negar los Carismas no es descalificar a quienes los han recibido sino al que los da.



PBRO. ROBERTO SÁNCHEZ DEL REAL.

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