17 de marzo de 2012

RELATOS FRANCISCANOS 3

RELATOS FRANCISCANOS III


GUADALUPE, ZACATECAS


RECUERDOS INFANTILES NEBULOSOS


Que recuerde, la primera vez que visité ese bello lugar fue en los setentas, cuando en alguna ocasión viajé con mi abuelo, camino a Monte Escobedo, un risueño y simpático pueblo del serrano sur zacatecano, cuna familiar de nosotros los Sánchez y los Del Real. Aunque las evidencias cuentan que también teníamos parientes en Villa Guerrero y Mezquitic, ambas poblaciones de Jalisco. El viaje –desde Guadalajara– en aquel entonces era largo: vía Aguascalientes se llevaba ocho horas. Los autobuses no eran tan cómodos como los de ahora (Algunas lineas: Transportes Zacatecanos, Línea Verde, Estrella Blanca y Ómnibus de México) y las carreteras eran francamente malas. De la Ciudad de Zacatecas a Guadalupe el tramo se hacia en un camión urbano lento, muy lento (Transportes de Guadalupe).


Con todo, la visita era interesante por muchos motivos: la tranquilidad, poco tráfico, los edificios tan majestuosos y bellos, el ‘tiplecito’ zacatecano, comer gorditas, tunas, etc. Un detalle más que me parecía atrayente y “bonito”: por las empinadas y limpias calles de cantera de la ciudad, sólo muy de vez en cuando se veía algún automóvil circular (esto lo contrastaba con Guadalajara). Otro pincelazo sobre esta hermosa ciudad: el hoy flamante “Teatro Calderón” estaba cerrado y en ruinas. No se veía mucha gente por las calles pero el viento frío se hacía sentir siempre. Era muy distraído y sólo tenía diez años.


Algo más que me impresionó –volviendo al Guadalupe, Zac., de antaño– que ahí se veneraba a la Virgen de Guadalupe, en un templo grandotote y viejo; que era un pueblo pequeño, bien barrido, con calles bien empedradas, simpático y con un aire de dignidad y majestad provinciana. Nada le pedía a la ciudad; me atraía su cantera rosada y sus añosos árboles; Guadalupe –para mi corta edad– era un lugar de ensueño… algo tenía que lo hacía diferente y atrayente. Otro detalle que llamaba mi atención: los padres de ese templo tan grande y alto traían un “vestido” café, un ‘gorrito’ en la espalda para guardar ‘su Biblia’ (no pensaba en otra cosa para un padre), guaraches y una cuerda blanca en la cintura con tres nudos; sí, ¡Eran de los mismos de la Basílica de Zapopan!.


EL CONVENTO Y EL NOVICIADO


En el Convento no sólo está el Santuario sino también el Noviciado de la Provincia “De Los Santos Francisco y Santiago en México”, que resulta de la fusión de lo que quedó del Colegio de Propaganda Fide, de la Provincia de Zacatecas, el Convento Dieguino de Aguascalientes, el Colegio de Zapopan y no estoy seguro si también algo que quedó de una antigua Provincia con asiento en Jalisco. Debe ser pues en muchos lugares de Jalisco las parroquias fueron hechas por los franciscanos.


Y, ¿Qué es el Noviciado?. Es una pregunta legítima, para quien no esté familiarizado con estos temas. Bueno, (y aquí me acomodo los anteojos) es la etapa de probación en la que los candidatos a la vida religiosa, por vez primera, viven ya el estilo propio de vida consagrada, de acuerdo al carisma de la Orden o Congregación a la que se pretende pertenecer. Generalmente esta etapa dura de uno a tres años (según ‘El Derecho’ diría un colega de por acá). Para ser religioso es obligatorio estar en el Noviciado, pues luego viene el tiempo de la profesión religiosa temporal y luego la perpetua. (¿Qué tal la explicación? Y ‘eso que no soy licenciado’ diría un padre de aquí de la Diócesis, que no ha superado el trauma de que no lo mandaron a estudiar a Roma… A mi con que me manden de paseo.)


La segunda vez que estuve en Guadalupe fue entre el 13 y el 15 de Agosto de 1984, para la profesión religiosa de los novicios franciscanos, entre los que estaba Fray Victorio Ramos Garza. Victorio después sería un entrañable amigo. Por cierto en esta ocasión estaba acompañado de Fray Martín Rodriguez, un fraile Nicaragüense filósofo, que conocí en Zapopan. También visité a Sergio Castillo y su familia; el era un muchacho de allá y compañero del Colegio Seráfico de San Agustín, Jal. Estudiaba la Prepa.


Guadalupe –sobre todo en aquel tiempo más que ahora– giraba alrededor del Convento-Santuario Franciscano y de lo que en este ocurriera; el motivo de su existencia como población, sin duda alguna, era el Convento. Recordemos que ese majestuoso sitio se fundó como “Colegio Apostólico de Propaganda Fide”. Hay otros semejantes a lo largo de lo que era La Nueva España. Los que recuerdo: La Santa Cruz (Querétaro, Qro), Santa Bárbara (California, USA) y De Nuestra Señora de La Expectación (Zapopan, Jal). Necesariamente habrá algún otro del que no me acuerde (que al cabo no soy ‘licenciado’, ja ja ja) En relación a éstos surgen las figuras legendarias y gigantescas del Siervo de Dios Fray Antonio Margil de Jesús OFM, y el Beato Junípero Serra OFM, ambos evangelizadores incansables, que recorrieron –a pie– desde Centroamérica hasta la Alta California. Si mal no recuerdo este Convento fue fundado en el siglo XVIII. Y fue refugio y comfort para hasta quinientos frailes misioneros. Ahí vivían y se fortalecían física y espiritualmente, se curaban, estudiaban y luego salían a predicar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Alternaban la vida conventual con la misión: seis meses y seis meses.


Volviendo al presente: podemos decir que la Villa de Guadalupe, Zac., es una pequeña Roma: Convento y Noviciado Franciscanos, Parroquia, Seminario Diocesano, Noviciado y asilo así como Postulantado de Las Hijas del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe, Escuela de Catequistas, Monasterio de Las Capuchinas, Casa Museo del Beato Miguel Agustín Pro, Museo y Pinacotepa. Mucho en pocas cuadras. También hay casas, ¡Eh!, no crean que sólo hay puras iglesias, seminarios y conventos… No sólo hay padres, madres y seminaristas… También hay gente ‘normal’.


Guadalupe es una población pequeña y risueña, de serpenteantes e irregulares calles empedradas, que no sigue un trazo “urbano” planificado en sí, sino que las casas fueron surgiendo y las calles se fueron construyendo conforme se fueron haciendo necesarias. Está un poco alejada de la Capital –Zacatecas– y se une a ella por medio de un “humeante” servicio de transporte urbano (Los ya mencionados Transportes de Guadalupe) que aún hoy van y vienen con lentitud. Sin duda alguna, aún ahora para un buen número de habitantes, el Convento sigue siendo el centro de la vida no sólo religiosa sino social y cultural de la población. En el siguiente número hablaré de la vida en el Noviciado… Créame hay mucho que contar…


PBRO. ROBERTO SANCHEZ DEL REAL.

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