7 de abril de 2012

¡EL SEÑOR HA RESUCITADO!

HOMILIA

Agradecemos a Dios por su gran bondad, porque en este día nos permite alegrarnos –como Iglesia– en estas fiestas de La Pascua. Y en esta fecha memorable, antigua, pero siempre actual, siempre novedosa, recordamos y celebramos tres grandes misterios, tres grandes regalos divinos:

1.- La Salvación.

2.- La obra de Dios que une lo antiguo y lo nuevo.

3.- El Amor de Dios manifestado en Jesús.

LA SALVACION.

Como nos dice el autor de la carta a los Hebreos, en Jesús desaparece la muralla del odio entre Judíos y Gentiles. Él une a los dos pueblos en un Nuevo Pueblo de Dios. Jesús con su Muerte en La Cruz y su Resurrección, al tercer día, rompe las cadenas de la muerte y el pecado, para hacer posible que lleguemos –por sólo su Gracia– a la Vida Eterna, que ha ganado para nosotros. La Salvación, así, ya no está ligada a raza o nación alguna, sino a la mera condición de persona humana. Él se convierte en el Pontífice de nuestra Fe, en el Único Mediador entre Dios y los Hombres. Es un Sumo Sacerdote inmaculado y Santo, que no tiene que purificarse, para luego poder interceder por nosotros porque Él es la Pureza misma.

LA OBRA DE DIOS QUE UNE LO ANTIGUO CON LO NUEVO

Entre uno y otro Testamentos, no hay ruptura, sino continuidad por medio de Cristo. Dios se sigue revelando a su Pueblo, sigue en contacto con él; con un Nuevo Pueblo de toda lengua y nación que ocupa la tierra toda. Ya Dios no habla a los hombres en un Templo o desde un Monte Santo; ya no se manifiesta sólo en un Arca de la Alianza. Ahora ha hecho de cada Hombre purificado por el Bautismo instituido por su Hijo, su nuevo Templo, en el que habita con su Espíritu Santo. Ahora, está presente por medio de la Eucaristía –que es el Cuerpo de su Hijo Jesucristo– en cada sagrario, en cada lugar en el que se le adora a lo largo del mundo entero.

EL AMOR DE DIOS SE MANIFIESTA POR SU HIJO JESUCRISTO

Amor –de Cristo– por nosotros los seres humanos, es aceptar, a pesar del sufrimiento y el escarnio, La Muerte de Cruz. Amor del Padre –por nosotros– es haberlo enviado al Mundo, no para condenarnos sino para por Él salvarnos. Amor del Padre es también rescatar al Hijo de las garras de la muerte y la corrupción del sepulcro al tercer día. Su venida gloriosa en carne humana es para nosotros fuente de Salvación Eterna. Somos rescatados por el Cordero sin mancha, por el Cordero que quita el Pecado del Mundo.

NO NOS PODEMOS QUEDAR SÓLO EN LA GRATITUD

Todo lo antes reflexionado ya lo sabemos. ¿Cómo corresponder a tanto amor? Con amor. Desesperarse, aún en las circunstancias más difíciles, de alguna manera es menospreciar el amor. Menospreciar, recordemos, es no valorar, no considerar en todo lo que vale algo, no aquilatar. Con amor correspondamos. No construir el Reino, a la medida de nuestros alcances, es rebajar ese gran amor a sólo un sentimiento. Con amor correspondamos. No vencer el odio es hacer ese amor algo inútil, una sal que ya no da sabor y que no sirve sino sólo para ser pisoteada por la gente. Con amor correspondamos a su amor. No ser instrumentos de justicia en nuestra familia o comunidad, es reducir el amor a sólo una idea inútil, estéril e imposible de vivir. No me puedo quedar sólo con ideas teológicas, con sólo entender lo que significa la Resurrección. Eso sería sólo saber lo que es pero no vivirla. ¡Vive La Resurrección! Ámalo aunque no lo veas, aunque no lo sientas, aunque en ocasiones sea más fácil no amarlo. Ámalo aunque otros no lo amen, aunque te parezca que está ausente de la Historia y de tu historia. Recuerda la bienaventuranza: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Tú haz que otros lo vean, por medio de tus obras de bondad y misericordia. Tú has que otros lo vean por medio de la justicia que promuevas o ayudes a construir. ¡Señor, que te veamos enmedio de nuestros dramas e indigencias¡ Porque Tú has resucitado. FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.

PBRO. ROBERTO SANCHEZ DEL REAL.

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