24 de agosto de 2011

RELATOS PERUANOS 4

RELATOS PERUANOS # 4


Hace ya meses que no escribo sobre Perú. Y les aclaro, como lo hice en Los Relatos Uruguayos # 6, no pretendo “pontificar sobre El Perú” sino sólo relatarles mis experiencias e impresiones, que bien podrían ser “superficiales” o “apasionadas”. Aunque, es justo decirlo, muchas veces el punto de vista de un turista presenta aspectos poco apreciados y agudos que pueden complementar la visión de los que ahí viven o ahí han nacido. El turista tiene la fortuna de poder comparar lo ajeno y lo propio, lo cercano y lo lejano. Pero, para que ese punto de vista sea útil, el ánimo del que observa ha de estar impregnado de simpatía… Y si está lleno de amor, de respeto y de un poco de conocimiento, pues mucho mejor. Simpatizo con el Perú; admiro a su sufrido pueblo. El ánimo que me mueve al escribir esto que no muchos leerán es el dar a conocer al mundo que Perú es un país hermoso, digno y mágico. Hechas las aclaraciones aquí dichas, ahora vamos a lo más lindo de esto: recordar y relatar; contar y escribir.


UN PAÍS MESTIZO

Por doquier pude ver y constatar vestigios claros de ese mestizaje racial, cultural y social: el rostro del cholo, del afro, del mestizo de origen difícil de rastrear con precisión, del aborígen amazónico, del descendiente de europeos de antaño y —también— el rostro reciente en el entorno nacional del que lleva en sí sangre china o japonesa.

También —en ese rico mosaico que es el Perú— se entremezcla lo nuevo con lo viejo. Por desgracia —y sin afán de ofender— debo decir que se nota una enorme brecha entre los pobres y los ricos. En lo “étnico”, no se puede presentar a un individuo como “el peruano prototipo” sin caer en el error de graves exclusiones. Como sucede en México y muchos de nuestros países de América, la población del Perú es una rica gama de razas y mezclas. No puedo afirmar que los peruanos son racistas, pero siempre está presente (en forma a veces imperceptible) el asunto racial; aunque es algo que se va superando, a medida que las personas adquieren más escolaridad y abrazan valores cristianos.

En forma clara vi —sin buscarlo— esas diferencias. La población indígena es más numerosa que en México y, de alguna manera, “los blancos” están más apartados —tal vez a propósito— del resto de la población. Algo pasa que lo económico se relaciona enormemente con lo racial. Como en muchos países del mundo, los habitantes de ascendencia china son comerciantes (principalmente) de ropa, aparatos y comida.

Pude percibir que el descontento social está muy extendido y corre en linea paralela a lo racial y lo económico. En los últimos años el Perú ha progresado y su economía es más sólida, pero no se nota mucho ese bienestar en los bolsillos y la forma de vida de las clases populares. Y creo que los últimos resultados electorales son consecuencia de ese mal repartido bienestar económico. Ojalá que el remedio no salga peor que la enfermedad… Lo digo en serio, y deseando, que mi corazonada sea errónea.

Las artesanías muestran contundentemente la enorme y decisiva influencia indígena. En México están muy caracterizadas por motivos de serpientes, venados, guajolotes, ganado vacuno, maíz y por supuesto el chile (Ají). En Perú sé expresan con formas derivadas del sol, lo Inca, la montaña nevada, las llamas, vicuñas, alpacas, flautas, paisajes propios de la serranía alta, ganado lanar, ponchos y gorros de lana propios de partes montañosas y heladas, etc.

Me gustó notar en el peruano de toda clase social un gran nacionalismo y orgullo por serlo… Fui muy bien recibido por ser mexicano. Pude sentir el afecto que a México se le tiene. No me topé con alguien que pretendiera ser europeo o que echara mano de sus “antiguas” raíces con el viejo continente, para sentirse superior o mejor que los demás. Aquí nadie se siente europeo. Todos son orgullosamente peruanos… Y también se sienten Latinoamericanos.

UN POCO SOBRE “VIVIR EN LIMA”

Bueno Lima es una gran ciudad, o más bien dicho, una metrópoli, compuesta de pequeñas municipalidades que forman un conjunto muy variado de identidades y aspiraciones. De hecho es el centro de la vida política y económica. El Palacio Nacional, El Arzobispado metropolitano, el congreso, los museos más importantes y el Ayuntamiento están en la zona centro de la metrópoli. Cuenta con majestuosas plazas y paseos que cantan la gloria de los héroes nacionales, amplias y bien cuidadas avenidas y numerosas fuentes.

También, por supuesto, como “centros” de la vida espiritual antigua del Perú están los conventos Dominico y Franciscano. El Franciscano conocido como “San Francisco El Grande” asiento de la Provincia de “Los doce Apóstoles del Perú” y el convento Dominico muy famoso porque contó entre sus habitantes al Hijo Predilecto del Perú: San Martín De Porres. No se puede separar la identidad del Perú de su rico pasado ligado a la Iglesia y a las órdenes religiosas Dominica y Franciscana, en especial.

No encontré, como en muchas otras ciudades, muchos Centros Comerciales; sólo estuve en uno: EL DE MIRAFLORES. Pero hay muchas pequeñas placitas y una buena cantidad de pasajes. Lima también cuenta con varios mercados populares (al estilo de las ciudades mexicanas) y parques arbolados. Como en toda gran ciudad, se nota la diferencia entre los pobres y los ricos. Y ello es visible en la calidad de los servicios y la apariencia de las calles, el modelo de los automóviles y la indumentaria de la gente. De hecho los ricos muy poco van al centro de Lima. Quienes hacen allí su vida son más bien los pobres y las clases medias bajas.

Por ser el centro de la vida nacional, la ciudad de Lima se mantiene limpia y ordenada; algunas de sus calles más céntricas se han convertido en zona peatonal. La mayoría de sus tardes son nubladas y grises (al menos en el invierno) por cuestiones geográficas, pues la ciudad está muy próxima al mar. El transporte urbano es caro y malo. Los autobuses son ruidosos y tienen humeantes chimeneas y los choferes (típico de Latinoamérica) son descuidados, descorteses y siempre en competencia con los compañeros de linea por el pasaje. Hay bastante comercio ambulante, también hay zonas peligrosas en las que ya no se recomienda caminar como desde eso de las 6 de la tarde. Hay pobreza y opulencia que conviven en forma desenfadada. La mayoría de los pordioseros y vendedores ambulantes son cholos. Muchos de ellos vienen de las ciudades y pueblos del interior y no han podido progresar a pesar de su trabajo duro. Muchos son los ancianos que se dedican a mendigar y comerciar en las calles de Lima y sus municipalidades anejas.

Se puede apreciar un gran número de niños, adolescentes y jóvenes. Se nota que la mayoría asiste a la escuela en sus diversos grados y que unos pocos trabajan. Se ven pandillas que marcan con horribles rayones sus territorios (sin respetar monumentos o fincas de valor histórico) y delinquen al amparo de la oscuridad y la falta de vigilancia. Esto por supuesto en los barrios marginales y las municipalidades circundantes.

Pero todo lo anterior por supuesto que no empaña la grandeza, el abolengo y la dignidad de Lima, antigua capital de la América del Sur en la etapa de la Colonia, y que ahora, se pone al día en cuestiones urbanísticas y de servicios. Eso tampoco empaña su presente ni se impondrá a su futuro, en el que la democracia tienen mucho que hacer en favor de los peruanos.

RELIGIOSIDAD

La religiosidad popular tiene gran arraigo en la población de todas las edades, pero en especial entre los adultos y ancianos. Las procesiones religiosas organizadas por las cofradías (en su mayoría centenarias) son todo un espectáculo y demostración de Fe y participación popular. San Martín de Porres es un auténtico héroe popular entre todos los peruanos, aunque empiezan a no valorarlo. Es sin embargo motivo actual de esperanza y orgullo, sobre todo para los más pobres y humildes de este país, en especial para los limeños.

Como en México, últimamente en Perú, algunos pseudointelectuales aprovechan su gran exposición en los medios de comunicación y se lanzan contra la Iglesia, achacándole todos los atrasos del país. Por supuesto que son poses propagandísticas que no resisten la solidez de la Historia. ¡Qué rápido se les ha olvidado que por siglos la única institución que se ocupó de los pobres fue la Iglesia! Pero, no es que se les haya olvidado. Como decimos en México: “Se hacen que la Virgen les habla y ni señas les hace”.

Creo que la Iglesia local tiene un gran problema para atraer a los jóvenes a sus seminarios y conventos. ¿La razón? tal vez la falta de profundidad en la Fe. Por lo poco que conozco (y ojalá me equivoque) la causa de esa falta de vocaciones es que la Iglesia Peruana no ha evangelizado en forma suficiente. Se ha desperdiciado la gran riqueza de la religiosidad popular como puerta a una Fe auténtica que lleve a un encuentro personal con Jesucristo Nuestro Salvador y Señor. No podemos quedarnos solo en esa fase de religiosidad masiva y popular; el hombre requiere respuestas personales para su vida y su situación.
Seguiré luego escribiendo acerca de Cuzco y Machu Pichu.

PBRO. ROBERTO SANCHEZ DEL REAL.

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