27 de junio de 2012

UN RELATO CANADIENSE

CANADA

La primera vez que oí esa palabra –tenía como seis años– era en relación a mis zapatos que eran marca ‘Canada’ de esos que me aburrían porque te duraban un laaaargo año y no podías estrenar. Mi mamá me decía ‘primero acábate esos’. Uhhhhh, ¡Fácil! Por arte de magia se empezaban a poner blancos de la punta a causa de la fricción del frente con la banqueta (la verdad no recuerdo cómo –de pronto– sucedía tal fenómeno). Hasta llegué a pensar que esos zapatos no los vendían por pares sino que se los rentaban a los papás por años… me aburrían por todo lo que duraban… Canadá. Luego, en el Colegio (si a mucha honra fui educado por monjitas muy católicas) un compañero (Roberto Mauricio Lefebvre Menard) nos comentó que su mamá era canadiense “de Canadá”. Nos impresionó mucho (teníamos seis y siete años) pues nuestras mamás eran de Zacatecas, de Guanajuato, de Michoacán, de Colima, de San Luis Potosí y hasta de Tepa o Arandas sino es que de ahí mismo de Zapopan, de Guadalajara o de Tesistán… Vimos el mapa y su mamá era la que venía de más lejos… ¿Cuántos meses habrá viajado en camión para llegar?. Recuerden que en los 70’s un niño no pensaba en que se podría viajar en avión, y menos si se trataba de partes que no quedaran al otro lado del mar; además en verdad que era ‘raro’ conocer a alguien que se hubiera subido a uno, no es como ahora. Nos sorprendía sin embargo que Canadá estuviera hasta después de Estados Unidos, que ya eso era mucho decir. Hablar de Canadá era pensar en bosques, guardabosques, alces muy cuernudos, osos durmiendo en cuevas, hielo por doquier y la hojita esa roja de maple que lleva su bandera. De todas formas era un país lejano y misterioso para mi.

EPA

No crea que es la expresión esa de ¡Épale! o algo parecido; para nada. EPA significa: “Encuentros Para Adolescentes” fundado en Guadalajara por Mons. Rubén Darío (no es el escritor, sino el Padre) es un Movimiento Eclesial hermanado con Pacri, Crijunupa y PJU. Bueno, pues yo tuve la dicha de ser asesor diocesano de ese Movimiento por diez laaaargoooooossss años… ya pagué mi ‘cuota de sangre por el bien de la Iglesia’. Don Ramón Godínez (QEPD) en 1998 me nombró –en contra de mi voluntad y a pesar de mis protestas– como su responsable. Gracias a Dios un día me dieron un motivo para dejar el Movimiento; pero la verdad es que ya estaba cansado aunque fueron buenos y divertidos esos años. Y al tiempo que va leyendo, seguramente dirá “y ¿Qué tiene eso que ver con Canadá? Ahhhh pues a eso vamos…

LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD DE TORONTO CANADÁ

Si mal no recuerdo este acontecimiento mundial fue en Julio de 2002. Yo era vicario en la Parroquia De Las Tres Ave Marías, con el P. Samuel Silva como párroco. Llegamos a un acuerdo con él: nosotros vendíamos los boletos de una rifa que se hizo para arreglar el presbiterio de la Parroquia y entonces nos daba una cantidad para poder comprar los pasajes para asistir a esta JMJ. Los adolescentes le echaron muchas ganas y vendieron todos los boletos… Lo que parecía un sueño se hizo realidad. La idea fue de la Sra. María Marliz de aquí de Aguascalientes. Y así fue. Esta es la lista de los viajeros: Christopher David, Pepe Zuno, Guadas, Reynaldo Mena, Reynaldo Mena (el papá), Rafael Jiménez, ‘El Cometín’ Centeno, Aarón Román, Rodolfo ‘El Reno’, Jonathan, Fernando Chávez, Arturo Grajeda ‘El Topolino’ y su servidor. Ya todos hombres de bien, profesionistas, la mayoría casados y con hijos. ¿Por qué no llevamos a ninguna chava? Por consejo del Señor Obispo para evitar problemas y complicaciones. Problemas de todos modos los hubo y complicaciones, pues no que yo sepa.

Salimos tempranito –del aeropuerto de Aguascalientes– por American Airlines hacia el aeropuerto de Dallas; luego hacia el O'Hare de Chicago y de ahí a Ottawa. Un equipo nos trasladó –por tierra– a la ciudad cercana de Gatineau, en donde nos distribuyeron en varias casas. A mi me tocó hospedarme con los Parent: Michel y Micheline. Una buena familia, trato excelente y agradable… aunque lo dijeron, eran católicos no practicantes, sin embargo fue una estancia de lo más cordial y afable. Quien organizó todo en nombre de la diócesis de Gatineau fue una chica llamada Nadine. Nos recibieron muy bien, todo limpio ordenado e impecable. Al día siguiente nos llevaron a conocer Ottawa: ciudad hermosa, majestuosa, ordenada, limpia y muy humana. La verdad que me sorprendió ver –incluso en los camellones– muy quitadas de la pena y sin que nadie las agrediera a cientos de ardillas. Pensé “si estuviéramos en México ya las traerían los vendedores ambulantes amarradas ofreciéndolas a 3 x $ 100 o algo parecido”. Los autobuses, taxis y autos particulares le dan el paso al peatón, la gente muy amable y respetuosa. Nada que ver con Estados Unidos, en donde en ocasiones se respira un racismo ‘fino y discreto’ pero racismo al fin.

Micheline, empleada del Parlamento, nos llevó a conocerlo. Un bello edificio. El interior impecable y majestuoso; comentó que es casi igual al edificio del Parlamento en Londres y –efectivamente– es idéntico al citado edificio londinense. Me impresionó que muchos de los edificios gubernamentales tuvieran parte de la fachada y techumbre de cobre y estaño (aquí los rateritos ya se los hubieran robado y llevado a vender por kilo… Y se los hubieran comprado). La Catedral de Ottawa –dedicada a San José– hermosa y majestuosa. Fue alentador ver jóvenes, religiosos, religiosas y sacerdotes de todas partes del mundo. Era muy común que cada grupo fuera presidido por una enorme bandera nacional, como diciendo: ¡Vean venimos de muy lejos!. Me pareció cómico que la gente a todos nos recibieran muy bien, menos a los gringos… Viejas y leves rencillas que no explotan pero tampoco se olvidan. A los pocos días nos trasladaron a Toronto. Nuestro ‘autobús’ contrastaba con los de otros países, como Chile, por ejemplo: es como si nosotros anduviéramos en un Unicen de los que van a ‘Los Campos’ y ellos en un ETN o Primera Plus… Pero ¡Que importa!.

Poco parecido hay –en verdad– entre Toronto y Ottawa. La primera es una ciudad mucho más grande y diversa. Nos hospedaron también con familias. Ahí encuentra uno gente de todo el mundo (mucho colombiano) y se oyen casi todas las lenguas. De pronto recordamos que no traíamos nada para intercambiar y fuimos a buscar banderitas. ¡Que cómico!: compramos banderas de México, en Canadá, hechas en China y en tienda de un árabe. Nos pusimos de acuerdo para conocer la ciudad y se hicieron grupitos de tres para tal fin. Historias de todas… Mejor las omito por respeto a los involucrados: conocimos y nos divertimos. Pero no puedo dejar de mencionar algo que a todos nos pareció muy cómico: Reynaldo le lloraba a su papá (el Dr. Mena que nos acompañó para ayudarme con la disciplina) cuando se le acababa el dinero le decía algo así como ¡Papaaaá necesito más dólaressssss!. Y el Dr. Mena pues le daba más dólares. Yo intenté lo mismo en una ocasión pero conmigo no funcionó (¡No sé por qué con Reynaldo sí¡ Tal vez debí decírselo más recio o con otro tono de voz, ja ja ja).

Desde el día anterior a la Misa con el Papa nos trasladaron al lugar de la celebración que era un viejo aeropuerto militar. La verdad no recuerdo cuántos éramos; hubo quien dijo que el cuarto de millón; no lo sé, habría que ver las estadísticas. Nos tuvieron como en campamento con tiendas de campaña, muy orgamizado. Era reconfortante –cuando marchamos por las calles de Toronto– ver católicos de todas las razas y nacionalidades: hicimos buena amistad con los de Trinidad y Tobago, Chile y Brasil. Yo ayudé a confesar en Español, Portuñol (portugués salpicado de español) e Inglés… Tal vez fueron unos trescientos jóvenes a los que confesé.

EL DIA DE LA MISA

En verdad fue impresionante ver cómo este adorable anciano provocaba verdaderos alaridos de jubilo de aquella multitud inmensa de jóvenes venidos de todos los rincones del planeta. A la menor indicación el silencio era total y se veía en los participantes una gran devoción sobre todo a la hora de La Consagración. Fuimos miles de sacerdotes que con concelebramos con el Papa. Y el mensaje fue claro: ‘Ustedes jóvenes son la luz del mundo y la sal de la tierra’. Terminada la Misa nos regresamos caminando a ‘nuestras’ casas, pues el transporte no fue suficiente para tal multitud; Toronto giraba alrededor de la Jornada Mundial De La Juventud.

TURISTAS

Por supuesto que practicamos nuestro deporte favorito: mallear (andar en los malls), fisgonear y comprar. Se ve que los comerciantes se prepararon muy bien para el evento. Yo traje infinidad de llaveros, figuras, destapadores, termómetros con el escudo del país, recipientes de latón y botellas con miel de maple, monedas, billetes, etc. No recuerdo quien cuando vio el primer billete canadiense: ‘mira trae la figura de la Virgen’ nos reímos hasta el cansancio pues, claro que no traen los billetes a la Virgen sino de la reina Isabel II de Inglaterra, que es también –en la teoría– soberana de Canadá y los países de la commonwealth. Cuando la gente veíamos que éramos de México nos sonreía… Tal vez eso ahora, por el clima de violencia, ha cambiado.

UN DIA MAS

Porque no compramos antes los boletos, tuvimos que quedarnos un día extra. Eso era un pequeño problema que se resolvió por la sagacidad del ‘Guadas’. En un acto de la JMJ a la que asistieron el arzobispo de Ottawa, el Gobernador General de Canadá y representantes diplomáticos de varios países ahí acreditados identificó a la embajadora de México y –en forma muy hábil– le planteó el problema. Fue en verdad un milagro: Ella en una forma por demás amable nos ofreció hospedaje en su residencia. No lo podíamos creer. Nos sorprendió en verdad pues no es común que eso pase. Ella se llama Tere de Madero.

EN LA EMBAJADA Y LA RESIDENCIA DE LA EMBAJADORA

La Embajada de nuestro país la conocimos. Quedaba en un céntrico edificio de Ottawa; la Sra. Tere Madero nos enseñó todos los departamentos y cómo funcionaba cada sección. Nos sentíamos orgullosos de estar en ese lugar. Después de –al término de la jornada– recoger nuestras pertenencias, nuestras familias adoptivas nos llevaron –con gran sorpresa pues les pareció algo inusual– a las instalaciones de,la residencia de la Embajadora. Nos quedamos todos con la boca abierta. Nos atendieron muy bien. Yo por todos los medios posibles hacia un gran esfuerzo para que los chavos se comportaran. Christopher David y otros más le pidieron a la embajadora les permitiera usar su alberca. En repetidas ocasiones les dije de una y otra forma que no molestaran, pero insistían, sobre todo Christopher. Nos enseñó toda la casa, nos tomamos una foto ‘oficial’ con ella. Todos muy sonrientes. Y ya al final del momento de la foto grita Christopher: “Sale pues, ya traíganse sus shortcillos”. En ese momento me llené de rabia y me sentí impotente ante tanta insistencia, siendo que era muy claro que la embajadora no quería que usaran SU alberca. Lo que hice fue voltear hacia donde él estaba y con voz fuerte le dije: “¿Ya te callas el hocico?. Se me pasó la mano, pero fue la solución. Al momento se hizo un silencio sepulcral. La embajadora no dijo una palabra, abrió tremendos ojos y volteó hacia otro lado. En menos de un minuto todos se dispersaron lo más lejos posible. Se acabó el problema. Y le dije: "Dispénseme pero ya estaba aburrido con esa cantaleta”. Me dijo: “Padre, no se preocupe, mire funcionó”. Y se acabó.

EL REGRESO

Al día siguiente muy de mañana nos despertamos para emprender el viaje y ¡Oh sorpresa!. Mis piernas no respondían. Traía una lesión en la columna que necesitaba operación, una hernia de disco; el día anterior había sido muy intenso y ahí estaban los resultados. Como pudieron me vistieron y nos llevaron al aeropuerto de Ottawa. Me subieron en silla de ruedas. Todos venían muy serios (a la mejor hasta Christopher pensó que fue por lo de “los shortcillos” ja ja ja) y yo muy cansado. Mis piernas funcionaron hasta que llegamos a Aguascalientes. A los dos días me operaron de la columna y todo bien.

Este viaje sirvió mucho: vimos a Juan Pablo II, nos sentimos parte de una Iglesia Universal, multicultural y joven. Les ayudó a fortalecer su fe (al menos por aquellos años, ahora de muchos no sé), vieron que con trabajo todo es posible. Vieron que lo de ellos (ser de Aguascalientes y de México) no es lo único y tal vez hasta ni lo mejor, pero si lo que tienen y lo que han de dignificar. Les abrió la mente, ja ja ja: vieron los muchachos que el mundo sigue –incluso– después de La Chona.

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